Motines en comisarías, ruido de sables y violencia en las calles de Bolivia

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Ruido de sables dentro y fuera de los cuarteles. Motines y rebelión policial en media docena de provincias, paros indefinidos en buena parte de los nueve departamentos (equivalente a comunidades autónomas) que forman Bolivia y ausencia de agotamiento en la oposición y las calles, que exigen la renuncia de Evo Morales. Este es el escenario de las últimas horas en el país.

«Nuestra democracia está en peligro por el golpe de Estado que han puesto en marcha grupos violentos que atentan contra el orden constitucional. Denunciamos ante la comunidad internacional este atentado contra el Estado de Derecho». El mecanismo de difusión elegido por Evo Morales para escribir este mensaje fue su cuenta de Twitter.

Al filo de la medianoche el mapa de Bolivia estaba salpicado de focos con disturbios y motines policiales. El ministro de Defensa, Javier Zavaleta, rechazaba declarar el estado de emergencia o toque de queda. Quizás, advertido del efecto contraproducente que tuvieron en Chile esas medidas. «Bajo ninguna circunstancia va a haber un acuartelamiento, ni ninguna operación en calles de ninguna ciudad», garantizó. Dicho esto, añadió, «la situación de las Fuerzas Armadas en los nueve departamentos y en todo el país es de normalidad». Expresión de deseo más que realidad, las Fuerzas Armadas son leales al presidente, pero el malestar en el seno de los uniformados se reparte en proporciones similares al resultado electoral del 20 de octubre, que arrojó un dibujo del país partido a la mitad.

Con los militares, de momento, en silencio, es la Policía la que parece tomar la delantera para acorralar a Evo Morales. En Sucre, capital constitucional del país donde, entre gallos y medianoche, se elaboró hace una década larga, la actual Constitución que supuso la «refundación» de Bolivia, como proclamó en su día Morales, unidades policiales de base y algunos oficiales, se declararon a favor del pueblo que no acepta «el fraude electoral». Con los rostros cubiertos con pasamontañas, los agentes salieron a las ventanas y puertas para exigir la dimisión del presidente y adherirse a la causa de la ciudadanía que no se resigna a un cuarto mandato consecutivo de Evo Morales. El comandante de la unidad ordenó su repliegue al interior de las dependencias y cuando pronunciaba un discurso de lealtad al Gobierno y negaba la existencia de un motín, sus hombres le dieron, materialmente, con la puerta en las narices y exhibieron banderas de Bolivia, según informa el diario «Página 7».

Escenas similares se vivieron en Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, corazón de la rica «media luna» oriental (Tarija, Beni y Pando). En ambos departamentos, policías de base y oficiales se sublevaron contra el comandante general Vladimir Calderón y exigieron la renuncia de Evo Morales. De ruido de fondo, lanzamiento de petardos y disparos al aire. Rondaban las seis de la tarde y la población se acercó a celebrar la rebelión. «¡Policía, amigo, el pueblo está contigo!». En un intento por calmar los ánimos, Calderón dio un paso a un lado y designo a Jaime Zurtia como nuevo comandante pero fue en vano. Los amotinados –hasta el cierre de esta edición– no dieron un paso atrás.

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«Fraude. Fuera Evo Morales». Los carteles colgaban en las terrazas de la Unidad Táctica de Operaciones Policiales (UTOP) de Cochabamba. La fotografía se repetía. Banderas bolivianas y un grupo de agentes con pasamontañas, inauguraron con ese acto la secuencia que siguió en otras unidades. Los motines siguieron el efecto dominó. En Oruro, ya entrada la noche, otra unidad se alzó en armas: «!Motín policial, motín policial!», gritaba los policías abrigados por el aplauso de la gente. En Tarija un grupo de oficiales de Policía envalentonó al pueblo. «¿Quién se cansa?», preguntó a los manifestantes. «!Nadie se cansa!» fue la respuesta en masa del gentío que no tira la toalla, después de casi tres semanas de movilizaciones. «El policía va estar con la sociedad, señores!», garantizaba el oficial. En Beni y Pando también se registraron episodios similares y en La Paz, sede del Gobierno, se reportaron «tensiones» durante la madrugada.

En este escenario de escalada de tensión el Gobierno acusa al líder cívico Luis Fernando Camacho y al expresidente y candidato de Comunidad Ciudadana, en las elecciones, Carlos Mesa, de provocar los disturbios que tienen al país en la cuerda floja de un estallido social que deje un reguero de muertos o termine en un «golpe de Estado», como denunció «el Evo», como conocían en el trópico de Cochabamba a uno de los últimos supervivientes del «eje bolivariano» original.

Cerco popular

Evo Morales siente que el cerco popular se estrecha y se aferra al poder. De momento, no está dispuesto a dar su brazo a torcer. El proceso electoral en su conjunto y el escrutinio en particular no fueron claros ni transparentes y desataron el estallido social el mismo 20 de octubre. Desde entonces Bolivia vive una crisis sin tregua. Fraude es la palabra que identifica aquellas elecciones que no convencen dentro (ni fuera del país) salvo al Gobierno, a Evo Morales, a su vicepresidente Álvaro García Linera y a las columnas del MAS, (Movimiento Al Socialismo). Un despliegue de soldados por el territorio equivaldría a reconocer el repudio manifiesto del pueblo que Evo Morales siempre usó como bandera para modificar la Constitución (que luego no respetó para ser reelecto), sacar adelante sus reformas (con éxito en el plano económico), y justificar su ambición, ya sin disimulos, de querer perpetuarse en el poder.

El indígena Juan Evo Morales Ayma se ha convertido en un cacique o caudillo que ya no puede exhibir el lema que identifica al Estado plurinacional: «La unión es la fuerza». El país está en pie de guerra, la violencia no cesa y él elige a las columnas del MAS como fuerza de choque antes que sacar a los uniformados. Este sábado, a las dos de la tarde, hora local (19.00 horas en España), Evo Morales volvió a hacer un llamamiento al diálogo. Poco después, una caravana de autobuses que se dirigían a La Paz era detenida y agredida con piedras y gases lacrimógenos por simpatizantes de Evo Morales. Había un importante número de heridos.

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