Morrissey tenía razón

Morrissey tenía razón, pero la diferencia entre ser un excéntrico o un genio es tenerla antes de tiempo o no. En 2006, cuando acudió a Benicàssim, se tuvo que construir un túnel de tela que llevaba de su camerino al escenario porque la estrella no se quería cruzar con nadie. Catorce años después, otro túnel, pero este del tiempo, ha llevado a Benicàssim a antes de 1995: el verano sin FIB, el Festival Internacional de Benicàssim que cambió para siempre esta pequeña localidad de Castellón. En abril, con millones de españoles escondidos en sus casas, la estatua a la fiber, una chica con gorro y mochila homenaje a los miles de usuarios del festival, amaneció un día con mascarilla. La obra del escultor José Manuel García Cerveró Jere, levantada en 2008, avisaba así de que nada sería como antes, al menos de momento.

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