Miles de jóvenes bloquean el Parlamento de Hong Kong para impedir la ley de extradición a China

Decenas de miles de personas, la mayoría adolescentes y jóvenes, bloquean este miércoles el Parlamento de Hong Kong para que no tramite la controvertida ley de extradición a China. Tras la gigantesca manifestación del domingo, que congregó a un millón de personas según sus organizadores y 240.000 a tenor de la Policía, la sociedad hongkonesa lanza un nuevo pulso al Gobierno local, que tenía previsto empezar el debate parlamentario esta mañana.

Pero una multitud, formada sobre todo por estudiantes, ha cortado la avenida de acceso al Consejo Legislativo (Legco) para que los diputados no discutan el controvertido acuerdo de extradición, que buena parte de los hongkoneses consideran una pérdida de sus libertades, mayores que en el resto de China por su pasado como colonia británica. Como la mayoría de los parlamentarios son afines al régimen de Pekín, todo indica que el proyecto de ley será aprobado, ya que el Gobierno dejó claro el lunes que seguiría adelante con él.

«Nos quedaremos aquí 61 horas cercando el Parlamento para que transcurra el plazo y no pueda ser aprobada la ley de extradición, que tendrá que ser debatida de nuevo en otra sesión», explicaba a ABC Johnson, un estudiante de 17 años que se tapaba la cara con una máscara y prefería no revelar su apellido. Bajo el aguacero que cayó al mediodía, se había reunido junto a otros compañeros de clase en el paso elevado que comunica la estación de metro de Admiralty, en la isla de Hong Kong, con los edificios gubernamentales. A su alrededor, los jóvenes se protegían de la lluvia con sus paraguas, el símbolo de las fallidas protestas pro-democráticas del otoño de 2014 que han recuperado para esta nueva lucha contra el Gobierno local y el régimen chino.

En el mismo escenario donde hace cinco años acamparon miles de manifestantes durante tres meses para reclamar pleno sufragio universal, se vuelve a librar otra batalla política. «Hemos venido aquí para defender las libertades de Hong Kong, ya que la ley de extradición puede servir para detenernos a cualquiera aquí y juzgarnos sin garantías en China», argumentaba Michael, otro estudiante de 19 años.

Aunque la jefa ejecutiva de la isla, Carrie Lam, ha prometido que se respetarán los derechos humanos y los tribunales hongkoneses estudiarán casa a caso cada extradición, que será solo para crímenes y violaciones, las manifestantes no la creen. «No es la primera vez que el Gobierno miente y, además, hay otros casos que nos preocupan como los secuestros de libreros», se queja John, de 18 años, refiriéndose a la desaparición en 2015 de editores críticos con el régimen, que luego fueron mostrados en la televisión estatal china «confesando sus delitos». «No queremos que algo así nos pase a nosotros», justifica el muchacho, que asegura contar con el apoyo de sus padres y hasta de sus profesores. «Nos han dicho que vengamos, pero que tengamos mucho cuidado», señala mientras los cabecillas instan a la multitud a aguantar bajo la lluvia.

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A su lado, decenas de jóvenes acarrean cajas de galletas, agua y café para acampar sobre el asfalto de la autopista, por donde se extiende una jungla de paraguas hasta donde alcanza la vista. Unos metros más allá, otro grupo monta barricadas con vallas de hierro bajo la mirada atenta de una escuadra de policías, armados con pequeños escudos redondos y porras pero sin las imponentes corazas de los antidisturbios, que intimidan a cualquiera. Aunque ha habido enfrentamientos con la Policía desde el domingo por la noche, de momento parece que el Gobierno no tiene intención de reabrir la avenida al tráfico desalojando por la fuerza a los manifestantes, cuya corta edad aconseja muchísima prudencia. Ante un mar de paraguas, un hombre mayor, calvo y con gafas de sol, sostiene uno amarillo donde se puede leer: «Por la libertad y contra la malvada ley de extradición a China». Al régimen de Pekín ya le ha estallado la segunda «Revuelta de los Paraguas».

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