Miguel Falomir: «Gracias a Dios, el Museo del Prado está al margen de las disputas partidistas»

Lo dijo Ramón Gaya, y cuánta razón tenía. El Prado es mucho más que un museo. Es ese «lugar de memoria», profundamente ligado a nuestra Historia, donde los españoles nos reconocemos. Y, por eso, el Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades es un poco de todos. Así, al menos, lo concibe su director, Miguel Falomir, al frente de una institución bicentenaria que mira con ilusión al futuro sin olvidar su pasado. En el acta, el jurado dice que el Prado es «símbolo de nuestra herencia cultural común». ¿Puede el arte hermanar, unir en tiempos tan convulsos como los que estamos viviendo? Sin duda. El proyecto del bicentenario del que estoy más satisfecho es «De Gira por España», la idea de recordar que el Prado es un museo nacional por vocación llevando una obra maestra a todas las comunidades y a Ceuta y Melilla. Allá donde he ido he percibido esa identificación profunda entre los españoles y el Prado. En estos momentos, una de las instituciones que hace más por esa idea de país es el Prado. ¿Y ha ido a Cataluña? Empezamos en Cataluña, y la recepción fue absolutamente extraordinaria. ¿Cuáles son sus mayores retos? El Prado tiene unos retos particulares, el más importante es completar su ampliación mediante la incorporación del Salón de Reinos. Y luego tiene otros retos que comparte con otros grandes museos del mundo; uno de esos retos es que hay una constelación de museos, entre ellos el Prado, que se han convertido en destinos turísticos de masas. Un gestor cultural nunca puede criticar que su institución tenga gran afluencia, pero empieza a plantear problemas en cuanto a seguir manteniendo ese disfrute de lo que es la experiencia museística. ¿Y cómo se evita eso? Lo ideal sería alcanzar un equilibrio, y no es fácil. Hay una serie de ideas que se vienen inmediatamente a la cabeza: ampliar los horarios, pero el Prado ya abre 7 días a la semana de 10 a 8. ¿Números clausus? Pero también se enfrentan con la realidad del visitante, y es que es libérrimo. Tenemos que respetar que el visitante es soberano y puede pasar el tiempo que quiera en el museo. ¿Y tienen algún proyecto en mente? Hay que intentar llamar la atención sobre el todo, que cuando uno va al Prado entienda que es una experiencia inmersiva, que no va a poder ignorar esas obras icónicas que son el mayor atractivo del museo, pero también disponerlas de tal forma que la visita permita unos flujos. Y hay medidas que son controvertidas, pero redundan en una mayor calidad de visita, principalmente la prohibición de tomar fotografías. Lo cual van a mantener… Vamos a mantenerlo y, aunque las críticas se mantienen, la gente que lo agradece se ha disparado exponencialmente. No se hace por dinero, toda la colección se puede descargar gratis, es una invitación a mirar los cuadros con los ojos y no a través de una lente. ¿Estará el Salón de Reinos para 2024? Si el año que viene se aprueban los Presupuestos y se mantiene lo que estaba previsto en el Anteproyecto, iríamos justitos, porque las obras son cuatro años. También hemos de admitir que es un edificio histórico, y siempre puede aparecer algo. Si el año que viene empezamos, y quiero pensar que empezaremos, si no es 2024, 2025. Es curioso que estemos pendientes de la política hasta para esto. Somos una institución pública, en gran medida dependemos de los Presupuestos Generales del Estado. Gracias a Dios, el Museo del Prado está al margen de las disputas partidistas desde el famoso pacto de los años 90, pero la realidad no se puede obviar y, si no hay Presupuestos, nosotros y el 99% de las instituciones de este país se verán afectadas. Y el arte contemporáneo, ¿volverá a tener cabida en el Prado? No somos un museo de arte contemporáneo, que los hay maravillosos en España, pero cuando encontramos un artista contemporáneo con conciencia histórica, que ha mirado al pasado y a los maestros que hay en el Prado, que se ha inspirado en ellos, por supuesto que ese artista tiene cabida en el Prado. ¿Qué cuadro no le importaría prestar? Se lo pregunto por la polémica surgida en Italia, ya resuelta, cuando un tribunal paralizó el préstamo del «Hombre de Vitruvio» al Louvre. Hay una serie de obras del Prado que no se pueden prestar, como «Las Meninas», que no se ha prestado nunca y espero no se preste nunca, o «Las hilanderas» y «Los fusilamientos». Hay obras que, ya sea por su fragilidad material o por su importancia, no debieran nunca abandonar el edificio del museo. ¿Y qué cuadro le gustaría ver colgado en las paredes del museo? «La escuela de San Roque» entera, de Tintoretto, yo que soy un fanático de él… Hay miles de obras maravillosas que están en el Prado y otras que no.

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