Michael Hutchence, la caída que derribó al último sex-symbol del rock

Poco después del amanecer del 22 de noviembre de 1997, el líder de INXS llamó por teléfono a su manager desde la habitación de hotel en que se hospedaba. Saltó el contestador, y dejó sus últimas palabras: «Ya nada me importa». La banda australiana había alcanzado un éxito internacional masivo, él se había convertido en un sex-symbol y parecía tenerlo todo. Pero aquella mañana, Michael Hutchence creía no tener nada. Varias horas después, el servicio de habitaciones lo encontró muerto en su cama. Tenía 37 años. Los tabloides británicos, que llevaban años publicando todo tipo de noticias y rumores sobre sus numerosos amoríos, lanzó la especulación de que había fallecido por asfixia erótica (hipoxifilia) mientras practicaba sexo con otras dos personas. Pero el nuevo documental «Mistify: Michael Hutchence», que se proyectará en el festival In-Edit de Madrid (1 de noviembre) y Barcelona (3 de noviembre), apunta en otra dirección muy distinta: la profunda depresión que sufrió Hutchence durante el último lustro de su vida. Cinco años antes, en 1992, un taxista lo atropelló en Copenhague mientras iba en bici a comprar pizza con su pareja de entonces, Helena Christensen, causándole un grave daño cerebral. «Se quedó inconsciente en el suelo y le salió sangre por la boca y el oído. Pensé que había muerto. Cuando despertó en el hospital se puso tan violento que los enfermeros le dejaron irse sin hacerse más pruebas. Después me confesó que el accidente lo cambió todo para él. Le llevó a tener muchas inseguridades y se olvidó de quien era», dijo la supermodelo. Antes de aquello Hutchence era un hombre muy seguro de sí mismo, tal como reveló su anterior pareja, Kylie Minogue: «Hacía que me sintiese protegida a su lado, y su carisma era brutal. Sexo, amor, comida, drogas, música, viajes, libros… lo que fuera, él quería experimentarlo. Definitivamente despertó mi deseo. Abrió un mundo completamente nuevo para mí». Pero justo un año antes del desgraciado accidente de bicicleta, Minogue le dejó: «Estaba arrodillado llorando en el suelo. No sabía qué hacer, no sabía qué estaba pasando. Sólo sé que él era un hombre roto», dijo la cantante años después. Kylie dejó a Donovan por Michael HutchenceQuizá su depresión comenzara realmente tras la ruptura, pero lo que es seguro es que su caída en Copenhague abrió la caja de los truenos. «Dejó de ser el Michael que conocíamos», cuenta en el documental Kirk Pengilly, guitarrista de INXS: «Algunas veces tenías al Michael normal y otros días era un tío violento y molesto. Era bipolar, errático y también lo empezó a ser en lo musical». Hutchence dejó de ser el hombre confiado que le hacía tan irresistible. Comenzó a sentirse muy inseguro en la escena musical, especialmente tras el incidente durante la entrega de los premios Brit Awards de 1996. Él fue el encargado de entregar el premio a «Mejor Video» a Oasis, y tras felicitar a la banda, Noel Gallagher se dirigió al micrófono y dejó de piedra al cantante con una frase cargada de un sarcasmo de lo más hiriente: «Has-beens shouldn’t be presenting to gonna bes» («Los que pasaron de moda no deberían presentar a los que lo van a estar»). «Ese episodio le afectó demasiado», aseguraría tiempo después el productor de INXS, Danny Saber. A Hutchence le quedaba poco más de un año de vida cuando los tabloides volvieron a la carga, criticando su relación con la presentadora de televisión Paula Yates, que en ese momento estaba casada con el músico Bob Geldof. Juntos tuvieron una hija, Heavenly Hiraani Tiger Lily Hutchence, pero eso no frenó el sensacionalismo de los periódicos ingleses. «Está siendo una pesadilla, la prensa está deshumanizada. En el Reino Unido hay una mentalidad abusona y bastante misógina. Todo esto da mucho miedo», dijo Hutchence en una entrevista de la época. Michael Hutchence y Paula Yates – EPA La noche antes de la fatídica mañana de noviembre en la que falleció, Yates le había llamado por teléfono pare decirle que no podría ir a verle a Australia porque Geldof, que tenía la custodia de sus dos hijas Pixie y Peaches, no le dejaba llevárselas. Lo que significaba que tampoco podría ver a Tiger Lily. «Estaba aterrorizado por la idea de no tener relación con su bebé. Me dijo que no podía pasar un minuto más sin verla», aseguró Yates. Unas horas más tarde, devorado por la ansiedad, Hutchence ingirió un cóctel letal de alcohol, prozac y cocaína. En su funeral, que fue retransmitido en directo, Nick Cave cantó «Into my arms». Y según cuenta la leyenda, justo antes de que lo incineraran Yates metió un gramo de cocaína en el bolsillo de su traje, demostrando la pasta de la que estaba hecha. Y efectivamente, la presentadora no tenía remedio: en el año 2000 murió por sobredosis de heroína tras recibir otra ración de golpes emocionales. Primero perdió definitivamente la custodia de sus hijas tras un intento de suicidio, y después, un test de paternidad demostró que su propio padre no era quien ella había creído durante toda su vida. Tiger Lily se quedó entonces huérfana de padre y madre, y para asombro de todo el mundo, Hutchence solo le había dejado 500 dólares de herencia. Pero Bob Geldof tuvo compasión, ganó un juicio por su custodia a la hermana de Hutchence y cuidó de ella hasta su mayoría de edad. Casi dos décadas después, el director del documental «Mistify: Michael Hutchence» se las vio y deseó para localizarla y comentar con ella su plan de rodaje. «Vive como una okupa», comentó tras encontrarse con ella en un piso de Londres. Allí, Tiger Lily tuvo que lidiar hace dos años con la enésima tragedia familiar, la muerte de su hermanastra Peaches Geldof por sobredosis, igual que su madre. Quizá por eso el estreno del documental le haya hecho huir del foco mediático de nuevo. Demasiados malos recuerdos. Ahora vive en Australia, la tierra de su padre, junto a un músico (Nick Allbroook de Pond), igual que su padre.

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