«Mi novio votó a Podemos, yo a Cs y el barrio ahora es de Vox»

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El mapa de Madrid quedó el pasado domingo teñido de rojo y azul, con una división que parece clara entre el norte, del PP, y el sur, del PSOE. Pero las elecciones configuraron algunas «islas de votantes» en la capital, pequeños reductos del territorio que destacan por su contraposición ideológica al voto mayoritario del distrito en el que se ubican. Es el caso del Ensanche de Vallecas. Una pancarta de Podemos da la bienvenida al barrio; a su lado, un cartel de Íñigo Errejón, cuando todavía era el líder de Más Madrid, en las elecciones de abril.

La propaganda de los dos partidos de izquierdas se sucede en el mobiliario urbano, alguna ya corroída por el paso de los meses. Por eso llama la atención que, solo una calle más atrás, en la manzana que rodea el centro comercial de La Gavia desde la avenida de las Suertes hasta la autovía del Este, el partido más votado haya sido Vox.

Antonio, vecino de Tetuán: «Los comercios tradicionales cierran porque los extranjeros tienen más facilidades y ayudas que los españoles, sobre todo a la hora de abrir un negocio, por eso voté a Vox»

«Mi novio votó a Podemos, yo a Ciudadanos y ahora esta manzana es de Vox», cuenta Sara, una residente del Ensanche, frente a un rótulo que, en esta ocasión, tiene la foto de Alberto Garzón (IU). La joven lleva dos años viviendo al lado del centro comercial, una zona antes liderada por Ciudadanos y ahora, con un total de 669 papeletas emitidas, por el partido de Santiago Abascal con el 22,06% de los votos. «Esto no es representativo de Villa de Vallecas. Aquí los alquileres son más caros y las urbanizaciones mejores. Viven muchas familias jóvenes con hijos, también policías y funcionarios de clase media», dice como explicación a lo que han votado sus vecinos en un distrito ganado por el PSOE.

Antonio, vecino de Tetuán
Antonio, vecino de Tetuán – MAYA BALANYÀ

En el edificio de al lado, una bandera de España preside la azotea. Las insignias se repiten por las ventanas de las casas de la urbanización, que tiene varios locales comerciales en la planta baja. Uno de ellos está gestionado por un guineano. «Llegué a España en 1992 y, aunque no me gusta hablar de política porque puede haber represalias, solo pido que quien gobierne defienda los servicios públicos», explica el empresario mientras mira cómo su hija pequeña corretea por el local. Hace hincapié en la necesidad de que la educación pública sea también de calidad: «Y no inviertan solo en la concertada».

Araceli, empresaria: «Los chinos están abriendo locales enormes, les dan más facilidades que a ellos; y los españoles lo único que hacemos es pagar. A mí no me gustan ni la izquieda ni la derecha»

En Villa de Vallecas hay otro territorio discordante: Santa Eugenia. Entre las calles de Fuentespina y Virgen de las Viñas, y Puentelarra con la avenida de Santa Eugenia, se votó a la formación de Pablo Casado. Allí pasean Manuel y Carmen, un matrimonio de casi ochenta años. «Esto pasa porque hay libertad y muchos partidos donde elegir que no se ponen de acuerdo. ¿De quién es la culpa? Unos dirán que de la izquierda y otros que de la derecha. Yo no lo sé, solo sé que es necesario que lleguen ya a un acuerdo», analiza el hombre. Su mujer, se muestra más tajante: «Que pacte quien quiera, que se entiendan, pero que no nos quiten lo que tenemos y no nos bajen las pensiones».

La línea divisoria de Bravo Murillo

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El Partido Popular fue el ganador de la noche en la capital con un 27,31% de los votos, seguido por el Partido Socialista, que cosechó el 26,42%. A pesar de la coincidencia en la mayor parte de Madrid y con núcleos claros, en algunas zonas el voto cambia en tan solo unos metros. En esa situación se encuentra el distrito de Tetuán, divido por la calle de Bravo Murillo, que se ha convertido en una especie de frontera invisible que reparte el voto de los ciudadanos.

El mapa dibuja una clara diferencia entre los número pares, del PP, y los impares, del PSOE. «Yo crecí en este barrio y ya no es lo que era. Recuerdo cuando Bravo Murillo era una calle comercial a la que venía gente de todo Madrid. Ahora está en decadencia, los locales han cambiado, está todo lleno de puestos de uñas chinas, ropa latina y alguna frutería. Los comercios tradicionales han cerrado porque les dan más ayudas y facilidades a los extranjeros que a los españoles, sobre todo para abrir un negocio», dice Antonio, un vecino que se declara votante de Vox. «Primero, que se ayude a los ciudadanos de aquí; y, luego, a los inmigrantes», remarca en un bar frente a la Mezquita Central de Madrid, una zona votante de Casado. En el bar se inicia el debate.

Araceli, empresaria
Araceli, empresaria – MAYA BALANYÀ

«La diferencia de voto no es por eso, es porque esa zona está más cerca de la Castellana, que se ha revalorizado. Lo que antes valía 10, ahora vale 15 y eso ha llevado a que de ese lado venga gente con más nivel adquisitivo que vota al PP», dice un comerciante que se apoya en la barra del local.

En la calle paralela a la mezquita, San Germán, Araceli gestiona una tienda de lanas. «Antes nos conocíamos todos en el barrio, ahora eso no pasa. Y el cambio en cuanto a tiendas ya ni te cuento. Pago más de 1.000 euros de alquiler por esta tienda que no es muy grande, mientras los chinos tienen locales enormes. No sé cómo lo hacen, pero es por las facilidades que les dan, mientras que nosotros lo único que hacemos es pagar, pagar y pagar», dice la empresaria, y reivindica que a ella no le gustan ni la derecha ni la izquierda.

Lo mismo ocurre en la calle de Alcalá, donde PSOE y PP se reparten sus 11 kilómetros. En la zona de Ciudad Lineal, a medida que se cambia de manzana se cambia también de un partido a otro, alternándose el color que dibuja el mapa. Vox, tercera fuerza en Madrid, además del Ensanche, conquista también la parte de Guzmán el Bueno en la que se encuentran el Museo y la Subdirección General de la Guardia Civil; y la parte de Latina más cercana a la Base Militar de Cuatro Vientos.

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