Messi y Brasil, a recuperar el tiempo perdido

Abbondanzieri; Zanetti, Ayala, Milito, Heinze; Cambiasso, Mascherano, Verón, Riquelme; Messi y Tévez. Doni; Maicon, Juan, Alex, Gilberto; Elano, Mineiro, Josué, Baptista; Robinho y Vagner Love. No, no son los versos de cualquier canción de ayer, aunque fácilmente puedan sonar mejor que lo de hoy. La memoria, tan tramposa, zancadillea cada uno de nuestros intentos por valorar lo que tenemos ante nuestras narices si todavía queda algo de lo que hace un tiempo nos hizo felices. Era 2007, y Argentina y Brasil disputaban la final que todo el mundo soñaba cuando empezaba una Copa América.

Claro que ahora las cosas pintan bien distintas. Para unos, para otros y para nosotros. A la Argentina le costará echar un vistazo a aquellos maravillosos años sin tener que hacer esfuerzos por contenter una lagrimita. Donde hoy asoman nombres como los de Saravia, Pezella o Guido Rodríguez, todos ellos presuntos titulares en el debut de la albiceleste esta noche ante Colombia (00.00 h.) brillaban no hace tanto mitos de la estatura de Zanetti, Ayala o Riquelme. Messi, nada cambia con el «10», ya andaba por ahí, aunque con idéntico resultado: su palmarés con la casaca nacional sigue impoluto, ni polvo hay porque ni siquiera ha tenido que abrir la vitrina.

Amagos hubo, desde luego: de la final del Mundial de 2014, perdida con un gol en la prórroga del efervescente Götze, a las dos últimas resoluciones de la Copa América, 2016 y 2015, ambas ante Chile y con idéntica definición, la derrota en los penaltis. En 2011, con el torneo más antiguo del mundo celebrándose en su casa, tuvo que ver por televisión una final de inopinada entre Uruguay y Paraguay. Cantaron los charrúas, la selección con más trofeos sudamericanos, nada menos que quince.

Con Neymar entre la enfermería y el posado vacacional para Instagram –sufrió una lesión en el tobillo en el último amistoso de Brasil antes del campeonato–, las puertas del triunfo parecen abrírsele, esta vez y por enésima ocasión, a la diezmada Argentina de Messi. Tan absurdo parece el «basta ya» que la afición albiceleste tiene en la punta de la lengua como que para acometer la reconquista de no se sabe muy bien qué se eche mano de un temporero como Scaloni, novel en los banquillos, se entiende que sometido a los dictámenes del capitán. Por lo pronto, Agüero tiene ya un sitio fijo en el once y a su vera, en la medular, se espera a tres tipos que, aunque sin estridencias, ilusionan: Paredes y Lo Celso, capacitados para mover el cotarro si a Messi se le bajan los plomos.

Con todo eso, las casas de apuestas dan por favorita a Brasil, anfitriona sin cabeza de cartel pero con un grupo de reclutas de lo más pintón. La principal novedad respecto a la verdeamarelha que rindió a buen nivel en el pasado Mundial estará en la delantera. Neymar, Gabriel Jesús y Coutinho podrían ver sus tres plazas ocupadas por el tridente Neres, Firmino y Richarlison. El del Barcelona, eso sí, tendría acomodo en la mediapunta, bien resguardado por un doble pivote que será de Casemiro y otro, seguramente Arthur cuando se recupere de sus dolencias, habrá que ver si Fernandinho o Allan entre tanto. Tite, puro plomo en el país que el marketing se empeña en pintar de rosa bajo lemas como el del «jogo bonito», ha parido un señor equipo.

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El resto del pastel habrá que repartirlo entre quienes, sin ser candidatos a revelación pero tampoco ogros que custodien la Copa, pueden dar más de un susto. Uruguay, amparada en la ya mítica dupla Suárez-Cavani y pendiente del golpe de la mesa que en algún momento tendrán que dar los Bentancur, Torreira o Vecino, es una garantía de competitividad. En Colombia habrá que ver cómo llega James Rodríguez, el único jugador capaz de elevar al conjunto que ahora dirige Queiroz por encima de la media. Chile, por más que pueda presumir de sus dos últimos trofeos, pinta a decepción de las gordas, con Alexis o Vidal muy lejos de su mejor momento, revueltas las aguas tras la salida de Pizzi.

Menos se espera de selecciones que no hace tanto rindieron de forma notable. Perú o Paraguay parecen tener el colmillo algo desgastado. Y para terminar con algo positivo, Venezuela. Rafael Dudamel ya guió a la Vinotinto al sucampeonato mundial de la categoría sub 20 en 2017 y ahora, con el que con altísima probabilidad sea el mejor plantel de su historia –Fariñez, Herrera, Rincón, Rondón, Martínez–, la ilusión se dispara en un país donde en estos momentos parece un cuerpo extraño.

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