Memoria pecuaria

Manuel Rodríguez Pascual es un veterinario leonés que ha consagrado buena parte de su carrera al estudio de la trashumancia en la Península Ibérica, un patrimonio de ocho siglos de antigüedad que, de la mano de La Mesta y la producción lanar de la oveja merina, contribuyó sobremanera a generar riqueza y sustentar la economía. Sin necesidad de PAC ni de subvenciones, aquellos ganaderos vocacionales y abnegados pastores se entregaban, generación tras generación, al manejo esmerado de sus rebaños, siempre en busca de los mejores pastos. De hecho, el saber y las tradiciones derivadas de este singular trasiego pecuario por cañadas de noventa varas de anchura, cordeles y veredas «es comparable a otros hitos épicos de nuestra historia, como el dominio de los mares», explica el investigador.

Autor de varias obras sobre la materia, Rodríguez Pascual ha ingresado en la Academia de Ciencias Veterinarias de Castilla y León con un discurso que remarca la importancia que tuvo la lana fina de merina, al traer prosperidad a estas tierras por el monopolio internacional de España, «e incluso su aportación al asentamiento de las estructuras del estado, como señaló el historiador Ramón Carande». Una época en la que los telares europeos demandaban nuestra producción nacional, cuya exportación favorecieron los Reyes Católicos, con un negocio pujante al mejorar también la selección de los animales.

Tras sucesivos altibajos, el negocio lanero empezó a decaer a finales del siglo XVIII, aunque proseguían las inquietudes por aprender. Así, el albéitar Francisco González tradujo en 1798, por iniciativa de Godoy, un libro del naturalista francés D´Aubenton sobre el ganado ovino dirigido a pastores, mayorales y esquiladores en plan formación continua. También por aquellas fechas, como recuerda el académico en pro de la memoria pecuaria, se registraron salidas de algún hato cotizado que fue a parar a Australia. Hoy, en los ranchos de este país de las Antípodas crían la cabaña más numerosa de merinas del planeta que genera casi el noventa por ciento de la lana fina. ¡Y eso sin tener la calidad de los pastos de la montaña de León!

Ignacio Miranda

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