«Me han usurpado el derecho a visitar la Fundación Ambasz»

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La recuperación de La Ingobernable por parte del Ayuntamiento de Madrid, el bastión del movimiento okupa en pleno centro de la capital, dio pábulo a todo tipo de opiniones. Unas a favor; otras, en contra. La mayoría de los vecinos exigían que se le otorgara un uso dotacional, tan escaso en el Barrio de Las Letras. Un centro de salud «como el que teníamos antes», salas polivalentes o una biblioteca, eran algunas de las ideas que manifestaban. Sobre todas las cosas, pedían al Ayuntamiento de Madrid que «actúe de inmediato y no deje abandonado el inmueble; luego pasa lo que pasa». Así lo indicaba Manuela García, residente en la calle del Gobernador, en alusión a las okupaciones ilegales. «Un centro de día para mayores no sería mala idea», decía.

«Estamos faltos de lugares en los que se impartan cursos o se pueda hacer deporte gratis o a bajo precio»

«Estamos faltos de lugares en los que se impartan cursos gratuitos o a precios bajos de música, fotografía o se pueda hacer yoga, boxeo, ver una película, oír un concierto…», indicaba Sandra.

De distinta opinión era Matías: «A mí l os okupas me han privado de ver las exposiciones de Arte, Arquitectura y Diseño que se iban a mostrar en la Fundación Ambasz, el lugar que ellos usurparon», se quejaba. «No he llegado a entrar, pero una vez estuve en la puerta y me miraron mal por mi ‘look’ pijo. Para todos los públicos no creo que fuese La Ingobernable. Pienso que, si no llevabas rastas o una estética determinada te miraban mal», indicaba el joven que paseaba a su perro.

Por su parte, María del Carmen se alegraba de que hubieran desalojado el edificio y se devolviera a su dueño. No obstante, exigía a las administraciones que no desahucien a las personas sin recursos. «Deben hacer políticas de vivienda social», comentaba.

Entre los desalojados brotaban las protestas. «Las ideas no se desalojan, no dependen del espacio. El proyecto, apoyado por 150 colectivos no se parará», proclamaba Pablo Martínez. « Nosotros abogamos por el diálogo y no por el uso de la fuerza», lamentaba, sin reconocer que ellos había hecho lo propio usurpando un bien ajeno. «Pero le damos uso», se justificaba. Álvaro Briales, calificó de «pelotazo» la cesión del edificio. «Seguiremos buscando espacios alternativos», zanjó.

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