Mateo Morral llegó a tener pase de periodista para acceder a la iglesia en la boda del Rey Alfonso XIII

El atentado de Mateo Morral contra Alfonso XIII y Victoria Eugenia, que dejó 23 muertos, un centenar de heridos y varios caballos reventados el 31 de mayo de 1906, pudo haber sido mucho más mortífero de lo que fue. Incluso, pudo haber acabado con la vida de varios Reyes y Príncipes extranjeros invitados al enlace matrimonial. Así lo desvela el escritor Ricardo Mateos en su libro «Alfonso y Ena. La boda del siglo» (La Esfera de los Libros), resultado de un exhaustivo trabajo de investigación histórica. Y es que Mateo Morral llegó a tener una credencial de periodista para cubrir la boda de los Reyes en la Iglesia de Los Jerónimos, aunque días antes de la ceremonia se le retiró el pase y finalmente el anarquista perpetró el atentado en la calle Mayor, al paso de la carroza real.

Mateo Morral
Mateo Morral – ABC

«La bomba podría haber explotado dentro de la propia Iglesia de los Jerónimos», afirma Mateos, quien cita como fuente a la Princesa Pilar de Baviera, testigo presencial de los hechos. Ella cuenta en una biografía de su primo Alfonso XIII que «Morral tenía un pase para la tribuna de prensa situada en la iglesia. Pero un par de días antes de la boda se dieron cuenta de que el Heredero de la Corona (el Infantito Alfonso de Borbón-Dos Sicilias), que tenía cuatro años, no iba a aguantar dentro del templo durante toda la ceremonia. Por ello, le piden a Pilar que se ocupe del niño y los envían a la tribuna de prensa, de donde tienen que quitar a alguien para ocupar su lugar. La Princesa Pilar dice que así se evitó el atentado dentro del templo».

El autor del libro sugiere que Mateo Morral pudo obtener la credencial de periodista «gracias a su amistad con Francisco Ferrer y Guardia, que gozaba de buenos contactos en el mundo de la prensa». Cuando se decidió retirar uno de los pases para hacer sitio a la Princesa y al Infante en la tribuna de prensa, probablemente se eligió a Morral porque no le conocían en el Palacio Real, mientras que la mayoría de los periodistas debían ser informadores habituales.

Un nuevo plan

Tras la retirada del pase de reportero, Morral se vio obligado «a urdir un nuevo plan» y decidió atentar desde el lugar en el que se alojaba, explica Ricardo Mateos.

Mateo Morral no era el típico anarquista pobre del siglo XIX. «Era hijo de una familia de notables industriales textiles de Tarrasa» y estaba «vinculado a los movimientos anarquistas que por entonces merodeaban por España y en particular por Cataluña», afirma el autor. Añade que el 22 de mayo de 1906, Morral alquiló «por cinco duros diarios sin asistenta la mejor habitación con balcón de la casa de viajeros» situada en el número 88 (actual 84) de la calle Mayor de Madrid, y que había pagado con un billete de 500 pesetas catorce días por adelantado.

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Tras lanzar la bomba oculta en un ramos de flores, relata el escritor, Morral logró «salir incólume del lugar en medio de la confusión general» y se fue a refugiar a las oficinas del diario El Motín, que dirigía su amigo José Nakens, «conocido periodista y activista anticlerical y republicano». Añade Mateos que «días más tarde Nakens y varios tipógrafos fueron detenidos acusados de encubrimiento y que también fue apresado Francisco Ferrer y Guardia como inductor del atentado».

La valentía del Rey

Además del atentado, descrito con todo detalle en el libro -incluidos los nombres de los 23 fallecidos-, Mateos recoge numerosos testimonios de los invitados a la boda y describe la valentía con la que reaccionó el Rey. Tras la explosión, Alfonso XIII afirmó: «No es nada, no es nada» y ayudó a Victoria Eugenia, que tenía el vestido de novia manchado de sangre, a pasar al coche de respeto. A la vez, pidió que enviasen mensaje a su madre y a su suegra, las Reinas Cristina y Beatriz, de que ambos estaban salvos. Y, a continuación, dio instrucciones de que le llevaran «despacio, muy despacio, hacia Palacio». La metralla de la bomba, añade el autor, rompió el Collar del Toisón que llevaba el Rey.

Casi todos los invitados elogiaron la valentía del Rey y la entereza de la Reina, según los testimonios recogidos en el libro, pero el Príncipe de Gales criticó la seguridad: «Creo que la Policía española y sus detectives son los peores del mundo», afirmó. Días después, Morral fue detenido. Oficialmente, se suicidó; quizá le asesinaran. Pero esa es otra historia.

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