‘Married to the mob’

El mayor fracaso de lo que dimos en llamar la nueva política no reside en la deriva personal de algunos de sus protagonistas. Es cierto que muchos de ellos acumulan discordias, divisiones y finalmente hasta la autodestrucción de sus partidos por un afán ególatra sin precedentes. No, lo peor ha sido que han trasladado a la sociedad un tremendo efecto de frustración precisamente cuando fueron elegidos para lo contrario, servir de vía de oxígeno. Entre sus defectos principales está la rabiosa servidumbre a filias y fobias personales. En la campaña catalana se percibe también ese esfuerzo por convertir la palabra pacto en sinónimo de traición a esas esencias puras y virginales que todos dicen encarnar. Las esperanzas truncadas por esos discursos hiperbólicos han conducido a los jóvenes a una frustración palpable, que les lleva a apreciar derivas fascistoides surgidas del “si nada ya sirve, mejor lo rompo todo”. El último episodio de la fuga de algunos cotizantes millonarios a Andorra ha dejado entrever la desvinculación juvenil del proyecto común. El rencor, el egoísmo y la autoadulación son rasgos mutantes de la frustración.

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