Mariano Rajoy: La concordia como objetivo

La Espa√Īa de la Constituci√≥n de 1978 es la naci√≥n de la concordia, en la que cada espa√Īol tiene su espacio y cada uno de sus derechos cuenta con su adecuada protecci√≥n. Por encima de cualquier otra consideraci√≥n, ese es el gran m√©rito de la Constituci√≥n cuyas cuatro d√©cadas celebramos estos d√≠as: ha sido la Constituci√≥n que mand√≥ los tristes augurios de Machado al ba√ļl de las cosas inservibles: ni Espa√Īa bostezaba, ni Espa√Īa estaba muerta, ni a ning√ļn espa√Īol le acabar√≠a helando el coraz√≥n una parte de su patria.

La del 78 también es la Constitución que ha prevalecido frente al terror de ETA, la que ha derrotado la injusticia radical de sus objetivos políticos y la crueldad irracional de sus crímenes. Hoy felizmente, gracias al coraje de las víctimas y a la determinación de todos los demócratas, ETA ha desaparecido y la Constitución sigue ahí, velando por los derechos de todos.

Como toda obra de hombres, la Constituci√≥n que ahora homenajeamos no es perfecta ni contempla los remedios a todos nuestros males, pero sigue siendo el mejor instrumento pol√≠tico con que hemos contado en toda nuestra historia para garantizar y defender nuestra convivencia en paz. Hace apenas un a√Īo lo pudimos comprobar de nuevo, en circunstancias excepcionales, con motivo del desaf√≠o independentista de Catalu√Īa. Funcionaron entonces los mecanismos constitucionales, funcionaron tambi√©n las distintas instituciones encargadas de velar por nuestro Estado de Derecho y funcion√≥ el conjunto de la sociedad espa√Īola en defensa de su convivencia y su unidad. Una sociedad que adem√°s se vio ejemplarmente representada en la dignidad y determinaci√≥n del rey Felipe VI .

Quienes pretendieron romper nuestro r√©gimen constitucional solo lograron demostrar ante Espa√Īa y ante el resto del mundo la validez del mismo, su fortaleza y su car√°cter profundamente democr√°tico. La Constituci√≥n se revel√≥ como un instrumento vivo y m√°s s√≥lido que antes porque hab√≠a sido puesta a prueba y demostr√≥ su utilidad y su plena vigencia.

Una Constituci√≥n viva es una Constituci√≥n que se puede reformar y se puede adaptar a los cambios que en su momento determinen los espa√Īoles. As√≠ ha ocurrido ya en dos ocasiones, ambas relacionadas con nuestra pertenencia a la Uni√≥n Europea. Me refiero al voto de los ciudadanos europeos en las elecciones locales y a la inclusi√≥n del Pacto Fiscal europeo en el contenido de nuestra propia Carta Magna. En ambos casos han sido reformas planteadas para dar respuesta a un objetivo claro y definido, se han ejecutado con un rotundo e inapelable consenso pol√≠tico y en ning√ļn caso han acarreado inestabilidad al conjunto del sistema.

Esa es la manera en que se debe abordar cualquier eventual reforma en el futuro: con lealtad a la propia Constitución, con unas metas concretas y con un consenso previo suficiente para garantizar la estabilidad de todo el proceso, de principio a fin. En una cuestión tan delicada y de tanta trascendencia para la vida de un país no caben ocurrencias, maniobras cortoplacistas, ni simples análisis jurídicos, por muy respetables que estos puedan ser. Como tampoco cabe ignorar las circunstancias políticas y sociales en que se va a desarrollar ese debate porque pueden condicionar e incluso trastocar el desenlace final del mismo.

A pesar de los problemas, que nunca faltan, hoy Espa√Īa es, sin duda, la mejor versi√≥n de s√≠ misma de toda la historia. Con nuestras diferencias, nuestras rivalidades y nuestras discrepancias todos somos hijos y beneficiarios de la Constituci√≥n del 78. Tambi√©n quienes fr√≠vola e irresponsablemente quieren acabar con ella.

Al rendir homenaje a nuestra Constituci√≥n, rendimos tambi√©n un justificado y merecido homenaje a aquella generaci√≥n de espa√Īoles que la hicieron posible en circunstancias de enorme dificultad, y al frente de todos ellos el buen Rey Juan Carlos, cuyo impulso decisivo alent√≥ todo el proceso. Aquellos espa√Īoles del 78 supieron perseverar, pactar, acordar y ceder, supieron pensar en quienes entonces √©ramos los espa√Īoles del futuro. Trabajaron por nosotros, por legarnos un pa√≠s muy distinto al que ellos hab√≠an conocido. Un pa√≠s al que aspiraban como una utop√≠a y hoy es un √©xito sin apenas parang√≥n en el mundo.

Nuestra Carta Magna está hecha de responsabilidad, de lealtad, de generosidad y de prudencia. Responsabilidad para estar a la altura del reto planteado, lealtad a la Nación y a un proyecto de convivencia para todos, generosidad para renunciar a las posiciones maximalistas en beneficio de la concordia y prudencia para no volver a caer en los peores errores de nuestra historia.

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