Manolo Caro: “Me interesa hablar de la libertad sexual en México” | Cultura

En Las simples cosas Chavela Vargas canta con frustración sobre lo inevitable que es que el tiempo desprenda los recuerdos felices de nuestra memoria. La canción termina con una afirmación innegable: “Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida”. Estas palabras llevaron a Manolo Caro (Guadalajara, 1984) a escribir el guión de su cuarta película, La vida inmoral de la pareja ideal. “Habla mucho de la nostalgia, un sentimiento al que todos nos gusta regresar para revivir momentos que vivimos”, explica el cineasta.

Caro es un personaje particular del cine nacional. Otros cineastas han hallado un filón en festivales internacionales con relatos del México sórdido. Historias cargadas de la violenta pobreza que marca a muchos mexicanos, o bien, del narcotráfico y la corrupción. Caro, en cambio, busca hacerse un nombre de autor con melodramas y comedias de situación que retratan a la clase acomodada de los barrios bohemios de la Ciudad de México. Aunque algunos lo han criticado por esto, ha encontrado una audiencia dispuesta a pagar entradas al cine a ver sus películas. Su ópera prima No sé si cortarme las venas o dejármelas largas rebasó el millón de espectadores para convertirse en la tercera película mexicana más vista en 2013.

Su nueva cinta, que actualmente se encuentra editando y será estrenada el 28 de octubre, cuenta uno de esos romances perfectos que marcan la vida. Martina y Lucio, un par de adolescentes, se enamoran en la preparatoria. Alimentan el romance con la pasión de aquellos años tiernos y lo sazonan con los sonidos del rock en tu idioma, un movimiento popular en la década de los noventa que reivindicaba el uso del castellano en el género.

Como toda historia de amor perfecta, no dura mucho. La sociedad los separa y los amantes se dejan de ver 25 años. Se reencuentran en San Miguel de Allende, la turística ciudad de Guanajuato que sirvió de escenario a su intenso romance. “Me interesa hablar de la libertad sexual en un país tan machista como México”, cuenta Caro, que dirigió un ensamble de doce actores. Entre ellos se encuentran sus amigas Cecilia Suárez y Mariana Treviño, además de Juan Pablo Medina y el joven Sebastián Aguirre. También participan Eréndira Ibarra y Paz Vega, entre otros.

Por el universo creado en sus obras, que incluyen Amor de mis amores (2014), que se estrenará el próximo 4 de junio en España tras convertirse en un fenómeno en Netflix, y Elvira, te daría mi vida pero la estoy usando (2015), la prensa mexicana lo ha comparado con Pedro Almodóvar. Al igual que el cineasta manchego, Caro ha puesto temas tabú en pantalla, suele utilizar actrices fetiche y se mueve con soltura en el terreno del melodrama. “Nunca ha sido mi intención ser una copia o plagiar a Almodóvar. Es una inspiración, evidentemente”, explica. Ya con algunos años de experiencia, ha podido saber más de la forma cómo trabaja el español por lo que le han contado sus amigas Elena Anaya y Rossy de Palma, a quien Caro dirigió en su primera película. “Si eso me lleva a vivir con una etiqueta aprenderé a vivir con ella, pero espero ir afinando mi estilo”.

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Caro tiene una relación especial con España. Dos de sus cuatro películas fueron escritas en Madrid, donde ha vivido por temporadas. En 2006, después de haberse recibido como arquitecto en una universidad privada mexicana, voló a la capital española. Sabía que más que levantar edificios quería construir historias para el cine. Un par de amigos suyos le recomendó acercarse a Juan Carlos Corazza, el maestro que formó a Javier Bardem y Elena Anaya. Durante dos veranos acudió como oyente al prestigioso seminario para profesionales, donde se hizo amigo de Anaya, Miguel Ángel Silvestre, Miguel Ángel Muñoz y Carlos Bardem. “Allí aprendí que la carrera en el mundo del entretenimiento es aguantar y ser muy fiel a lo que quieres”. Pero Caro ha tenido que esperar poco. Una década ha pasado desde entonces y el director está por estrenar su cuarte película mientras afina su estilo como autor. 

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