Luz de gas en la oficina: cómo el abuso que consumió a Ingrid Bergman en el cine convierte tu trabajo en una pesadilla

Si has visto la película Luz de Gas, difícilmente habrás borrado de tu mente la imagen de una Ingrid Bergman consumida, con la mirada fija en las lámparas de gas de su casa, que disminuyen de intensidad a su paso. Con los nervios rotos, Bella (su personaje en la ficción) trata de explicarse el fenómeno mientras su marido le hace creer que brillan con la intensidad de siempre. La cinta, basada en una obra teatral de idéntico título, dio nombre a una de las formas de abuso psicológico más dañinas: presentar información falsa para lograr que la víctima dude de sí misma, de su memoria y hasta de su cordura. Y persiste en algunos centros de trabajo.

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