Luis Scola, el veterano de la «Generación Dorada» que amenaza a España

Probablemente Luis Alberto Scola guarde en un cajón olvidado el pasaporte español que obtuvo tras jugar casi una década en este país. Y es que antes de dar el salto a la NBA, este argentino de 2,06 metros brilló en el Baskonia y se convirtió en un integrante de la denominada «Generación Dorada». Él, como Marc Gasol y Rudy Fernández, disputó la semifinal del Mundial de Japón en 2006, donde la balanza se decantó del lado español. Ahora, en la última cita del torneo de China, Scola ansía la revancha.

En esta edición ya ha hecho historia y se ha colgado la medalla de jugador con más partidos en Campeonatos Mundiales de la FIBA. Pero quiere más, y lo que verdaderamente anhela es el metal que acredite a Argentina como campeona mundial. Trece años después, España vuelve a estar en su camino. La última vez que se vieron las caras en un torneo de este tipo fue en Turquía 2010, cuando Argentina logró el quinto puesto en detrimento de España.

Scola ya no tiene a su lado a Manu Ginóbili, su amigo y compañero con el que, además de los sinsabores, disfrutó del oro olímpico en 2004. Ayer, tras el partido, celebraron la victoria fundiéndose en un abrazo que a buen seguro llegó a más de un corazón argentino. «¡Ese flaco, el de la foto, es un extraterrestre! ¡No puede ser! ¡Momento increíble vivimos los argentinos en Beijing. ¡Realmente inolvidable!», publicó Manu en sus redes sociales con una foto de su amigo.

Y es que frente a Francia, verdugo de la hasta entonces favorita Estados Unidos, Scola firmó 28 puntos y 13 rebotes, dirigiendo a los suyos y confirmándose como pieza clave en su combinado. Llegó a esta cita fresco, después de que terminara la temporada en China, donde compite desde 2017. Aplazó la decisión sobre su futuro -está sin equipo- para centrarse en Argentina, selección a la que no se cansa de dar alegrías. Pase lo que pase en la final, sus números hablan por sí solos: a sus 39 años promedia 19,3 puntos y 8,1 rebotes.

Diecisiete años después, Argentina ha vuelto a una final de un Mundial. En la última que jugaron, en Estados Unidos 2002, también estaba un jovencísimo Scola. Esta vez no tendrá a su lado a Ginóbili, pero sí a Campazzo y Laprovittola. El primero destacó de Scola «su profesionalismo y su liderazgo»: «Hoy por hoy es nuestro líder y amamos seguirlo, disfrutamos seguirlo. Nos muestra mucho el camino», confesó. El segundo también le elogió: «Es una bestia muy competitiva. Siempre quiere más. Obviamente se aprovecha de que somos jóvenes, corremos y a él le gusta. Él tiene muchos hijos para ser nuestro ‘padre’, pero sí, es nuestro líder».

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El alma de este equipo es la de siempre, con Scola como principal ejemplo. También se mantiene la espina, esa que se quieren quitar, al fin, ganando a España y proclamándose campeones del mundo. Lo único que le queda. En España, mientras, son conscientes de la amenaza: «Tienen un talento increíble, trabajando mucho en defensa, seleccionando siempre el mejor tiro, están jugando en equipo y vamos a tener un equipo muy duro desde el principio. Hay que prepararlo bien y saber que ellos no nos van a regalar nada». El domingo, el desenlace.

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