Luis Jaramillo: Tiempo al tiempo

Capitalidad y ordenación del territorio son los dos debates que abren el curso político en un fenómeno «deja vu», que cíclicamente aparece en nuestro calendario político. Dos debates en los que el consenso parece imposible y que solo el tiempo, y es una desgracia que así sea, se encargará de poner en su sitio. Abrir el debate de la capitalidad en este momento me parece estéril, incluso una provocación como apunta alguno de los más allegados al ex-vicepresidente de la Junta de Castilla y León, José Antonio de Santiago-Juárez. Lo es porque él sabe mejor que nadie que iba a armar este revuelo y no ibamos a sacar nada en limpio. Si lo sabe, que ha tenido un montón de años para intentar hacerlo y no lo ha hecho.

Valladolid es de ley la sede del Gobierno regional y de las Cortes regionales y de facto la capitalidad. ¿Hay que cambiarlo? Pues si lo hacemos estaremos sembrando la discordia y no tengo nada claro donde están los posibles beneficios.

Casi tan antiguo es el debate de la ordenación del territorio, que cada vez que se abre es para poner en la picota a quien lo hace. Desde que el exconsejero José Luis González Vallvé apuntara la necesidad de revisar los mapas, el tema ha sido un elemento de discordia entre los partidos porque nadie quiere cerrar un pueblo, ni restar un solo servicio. Aquí lo que pasa es que la realidad es implacable y nuestros pueblos se agotan.

El éxodo a las grandes ciudades es un fenómeno en toda la tierra e impone buscar soluciones para optimizar los recursos existentes. ¿Supone eso cerrar pueblos? Creo que no.

Supone buscar fórmulas racionales para poder seguir ofreciendo servicios a los habitantes que en ellos todavía quedan. Habrá pueblos en Castilla y León que se extingan porque no quedará gente en ellos y cruzarse de brazos hasta que eso suceda es irresponsable, injusto e insolidario. La identidad de un pequeño municipio no tiene porqué perderse porque los servicios pasen a prestarse de otra forma.

Luis Jaramillo

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