Lozoya: el derrumbe de los mitos

Las revelaciones en la denuncia de Emilio Lozoya podrían ser leídas como una especie de “más de lo mismo” o “un antes y un después”, dependiendo de dónde se esté parado. En muchos sentidos el grueso de la información simplemente confirma lo que ya sabíamos: los expresidentes Carlos Salinas, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto encabezaban Gobiernos corruptos. Sin embargo, lo que no estaba claro es que ellos mismos estuvieran personalmente involucrados, como lo detalla el documento entregado por Lozoya, no solo un testigo clave sino esencialmente un operador directo de las ilegalidades exigidas por el soberano. Esta diferencia es sustantiva, por donde se le mire. Más aun si eventualmente lleva a un proceso judicial que lo encare personalmente. En círculos periodísticos no deja de sorprender que Lozoya se haya decidido a derrumbar el último de los mitos: “el presidente siempre queda por encima de cualquier acusación”. Se daba por sentado que el exdirector de Pemex involucraría a quien detestaba; Luis Videgaray, el todopoderoso ministro de Peña Nieto. Y quizá con ello habría bastado para obtener el codiciado estatus de testigo colaborador. No se esperaba que su acusación alcanzara al centro del Olimpo y dejara en claro que, en cierta forma, Videgaray mismo no era sino el personero del verdadero titiritero de la corrupción, el presidente del país. 

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