Los tres actores principales del drama político boliviano

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La oposición boliviana ha sido incapaz de articular durante todos estos años una alternativa unitaria para enfrentarse en las urnas al eternizado Evo Morales, que asumió el poder el 22 de enero de 2006. No fue diferente en estas últimas elecciones presidenciales -del 20 de octubre- donde concurrieron tres partidos de oposición que le arañaron votos a Carlos Mesa, el candidato que mayor oportunidades tenía de destronar a Morales.

Aunque según todos los indicios «el manipulado» 36,51% que se le otorgó al candidato opositor no fue suficiente para conquistar la presidencia ni tampoco para forzar una segunda vuelta que pusiera en aprietos al candidato oficialista. La situación, quizás, hubiera sido otra si el Partido Demócrata Cristiano (PDC) con el 8,78% y el Movimiento Demócrata Social con el 4,24% hubieran unido fuerzas en una gran coalición para derrotar al líder bolivariano.

Carlos Mesa, la cara más visible de la oposición salió como un halcón a defender el voto popular, tras unas elecciones plagadas de irregularidades y gravísimas acusaciones de fraude. Sin embargo, su liderazgo ha sido cuestionado por aquellos que dicen que «solo le interesa su candidatura» y no el hecho de «recuperar la democracia». Luis Fernando Camacho, que hasta ahora era uno de los dirigentes cívicos destacados en la rica región de Santa Cruz, bastión opositor, ha despuntado como líder nacional tras el titubeo y la tibieza de Mesa a la hora de luchar en las calles. Un hombre que en los últimos días se ha plantado ante Morales, lo ha llamado «dictador», le dice que dirige un «régimen socialista dictatorial» y hasta le ha solicitado la renuncia en una carta que le intentó hacer llegar, que asegura no es un acto ilegal, inconstitucional y mucho menos un golpe de Estado.

Las protestas civiles, los paros indefinidos, la violencia y recientemente los motines de la Policía en contra del Gobierno han desatado una crisis sin parangón en los más de trece años que lleva Evo Morales en el poder, dejando al mandatario cada día más acorralado. Aprovechando esta tesitura el presidente del Comité Pro Santa Cruz, «El Macho» como lo conocen en Bolivia, consciente de su liderazgo nacional, rompió el viernes con el opositor Carlos Mesa por diferencia de criterios. «No voy a confrontar con Luis Fernando Camacho porque eso solo beneficiaría a la continuidad del dictador. La unidad de la oposición democrática hoy es imperativa». Claro y tajante respondió el candidato opositor Carlos Mesa al líder de la rebelión que pretende destronar a Evo Morales después de que lo acusara de «querer pelear solo por su candidatura». Mesa no coincide con Camacho en pedir la renuncia de Morales. El opositor hizo un importante viraje en su discurso, tras días exigiendo incansablemente una segunda vuelta ante las autoridades electorales de Bolivia, terminó solicitando unas nuevas elecciones generales. Para Camacho esa demanda refuerza la tesis de los intereses personales del político, además de que considera que no tiene una agenda propia.

«Salimos los cívicos a pedir la anulación de las elecciones y él se suma, ahora hablamos de la renuncia del presidente pero no por un tema electoral sino por la palabra de Morales de que renunciaría si había muertos en su Gobierno, aquí no hay solo muertos sino que los provocó el partido de Gobierno», dijo Camacho a la CNN.

Victimismo

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Evo Morales, en cambio, lleva otra estrategia, más victimista y de menos confrontación: «Hermanas y hermanos, nuestra democracia está en riesgo por el golpe de Estado que han puesto en marcha grupos violentos que atentan contra el orden constitucional. Denunciamos ante la comunidad internacional este atentado contra el Estado de Derecho». Confiado en que las urnas no cambiarán el resultado del Tribunal Supremo Electoral, el presidente bolivariano aceptó una auditoría de la Organización de Estados Americanos «vinculante para ambas partes», aunque de su boca no haya salido sí acatará los resultados.

La oposición, en cambio, rechazó el analisis detallado de las papeletas electorales pactado por el Gobierno y la Organización. ¿Qué pasa si la OEA dice que no hay segunda vuelta a pesar de todos los fraudes?, preguntó Camacho mientras reflexionaba que no se le podía entregar la voluntad de un pueblo a los organismos internacionales.

Los grupos que apoyan a Mesa sostienen que solo cabe la repetición de las elecciones con un nuevo Tribunal Supremo Electoral. El Gobierno hace oídos sordos a la propuesta. Morales volvió a llamar ayer al diálogo a los cuatro partidos opositores que tienen representación en el Parlamento para «pacificar el país». Una estrategia calcada de su gran aliado Nicolás Maduro quien ha apaciaguado las protestas en Venezuela aplicando dicha fórmula. El grito de los bolivianos para que los políticos no acepten el diálogo retumba en todo el país. Solo quieren su renuncia. Los enfrentamientos han dejado hasta el momento tres muertos, 346 heridos y 220 detenidos. El pasado miércoles fue la jornada más violenta… Por ahora.

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