«Los sefardíes siempre han sentido nostalgia de España»

Pierre Assouline nació en Casablanca en 1953. Su familia, sus ancestros judíos sefardíes, abandonaron España en tiempos de los Reyes Católicos, cuando se ordenó su expulsión. Él es una de las 148.822 personas que ha solicitado la nacionalidad española desde que Felipe VI diera un paso al frente y abriera las puertas para reparar un «error histórico». Con este hecho arranca su libro Regreso a Sefarad (Navona) que fue presentado en la Casa Sefarad de Madrid y, como su propio título indica, supone un viaje de vuelta a la España de su pasado, de sus recuerdos, y del presente

Felipe VI el 30 de noviembre de 2015 en el Palacio Real de Madrid pronuncia la ya famosa e histórica declaración de «¡Os hemos echado mucho de menos!», en referencia a los sefardíes y la expulsión de los Reyes Católicos. ¿Exactamente, qué nos hemos perdido en estos cinco siglos?

Había una presencia judía en España, que era la comunidad más grande de Europa en la Edad Media, y su desaparición se llevó consigo una cultura, una influencia, una sensibilidad, una visión del mundo. Por eso España no consiguió hacer el cambio de la Ilustración.

¿Siglos después se repitió en Alemania lo mismo que ocurrió en España? ¿Son sucesos equiparables?

Lo que ocurrió en España ocurrió también en Alemania durante la guerra y después. Cuando observamos la extraordinaria aportación de los judíos a la cultura alemana y austriaca hasta 1940, vemos que después hay un vacío que no se ha llenado. Si observamos la historia cultural de Europa de principios del siglo XX, los judíos, Freud, Einstein, los escritores, los poetas, han aportado enormemente a la cultura y también al comercio, a la industria… Su marcha no se ha sustituido.

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¿Pese a la diáspora, cómo ha mantenido la cultura sefardí su identidad, sus recuerdos, a lo largo de la historia?

Me parece que es un fenómeno único. Desde hace cinco siglos, los sefardíes, en todo el mundo, han conservado, primero, la nostalgia de España. Los judíos polacos hoy no sienten ninguna nostalgia de la Polonia judía y los judíos alemanes no sienten ninguna nostalgia de Alemania, mientras que los sefardíes siempre han sentido nostalgia de España. En segundo lugar, la lengua. Es el viejo castellano que se mezcla con hebreo, árabe, turco. Pero es español. Esta lengua se ha mantenido durante cinco siglos. En tercer lugar, las canciones. Muy importante para la cultura. Sobre todo las canciones para niños. Y, por último, la cocina, las recetas. Es un fenómeno que los españoles, cuando lo descubren, porque no lo sabían, se quedan estupefactos y se emocionan porque supone un orgullo.

«Hay algo que no engaña, y son los apellidos. Hay muchos apellidos cuya raíz es árabe o judía»

Usted afirma en el arranque del libro que «sin el discurso histórico del padre, de Don Juan Carlos, no habría existido el del hijo, Felipe VI».

Creo que desde la muerte de Franco hay un redescubrimiento de las raíces judías de España. No hay que olvidar que los judíos estaban presentes en España antes que los españoles. Los españoles no saben nada de nada de la historia judía de España. La descubren desde la muerte de Franco. Con Franco, todos eran católicos, todos eran españoles, y antes no hubo nada: el pasado árabe, nada; el pasado judío, nada…

¿Por qué negar nuestra historia común? ¿Por qué ese deseo de pureza de sangre?

Creo que los españoles, en general, no conocen el pasado extranjero de España. Por ejemplo, no saben que en el Museo Arqueológico, en Madrid, se encuentra la tumba (el cuerpo) de una joven judía que se remonta al siglo I, mucho antes de la presencia española, y antes de los visigodos. La polémica es muy interesante para mí en cuanto a la cuestión de si hay que decir «conquista» o «reconquista» porque no se puede reconquistar algo que no existía. Antes de los árabes, estaban los visigodos. No era el reino de España católico, eran principados, pero eran visigodos. Todo lo que pasaba ahí se niega. Pienso que, tanto el pasado judío como el musulmán, árabe, ha enriquecido a España. Es innegable. Hay algo que no engaña, y son los apellidos españoles. Hay muchos apellidos cuya raíz es árabe o judía.

¿Su «Regreso a Sefarad» ha significado también un redescubrimiento de España?

En mi infancia, la percepción que tenía… era la de una España cerrada, cerrada en el espíritu. Hoy es una España vacía. Mucha gente que conocía en Francia no quería ir a España. ¿Qué he reconocido de España? La cultura. También, un orgullo español. En la prensa, todos los días encuentro sucesos e historias que me enseñan muchas cosas: la España política no es muy interesante; pero la Francia política, tampoco. Me llama la atención la España de todos los días: en Madrid o en un pueblo. También la voluntad de independencia de Cataluña, para mí, es un síntoma de algo muy grave.

«En los colegios catalanes se tenía que haber impuesto el castellano en vez del catalán, como hizo Francia»

¿España es una excepción dentro de Europa?

No es excepcional, pero es diferente. Porque Bélgica solo sueña con una cosa: separarse, los valones y los flamencos. En Italia hay un movimiento fuerte del norte de Italia para separarse del sur. Por tanto, en este sentido España es como los demás, pero en lo que es diferente es que, una vez más, no tiene relato nacional. Creo que ha dejado demasiada libertad a sus regiones y a sus comunidades autónomas. Es una monarquía, pero quizás esa monarquía se ha pasado de democrática. Uno de los problemas de Cataluña es que la educación se dejó en manos de la comunidad autónoma, y ahora se extrañan de que en los colegios ya no se enseñe el castellano, sino solo el catalán. Se tendría que haber impuesto el castellano en vez del catalán, como hizo Francia.

Empezamos hablando de la diáspora judía y termino preguntándole por el auge de la xenofobia.

La xenofobia es un fenómeno que, por desgracia, era previsible con la desaparición de las fronteras y con la inmigración africana, inevitable. Cuando hace unos años, Angela Merkel, en Alemania, dijo que los inmigrantes eran bienvenidos, ese día, pensé y escribí que íbamos a ver cómo regresarían los neonazis al Parlamento alemán. Y es lo que ha pasado. Por desgracia, la xenofobia va de la mano de la llegada de extranjeros, de inmigrantes. El antisemitismo es un fenómeno distinto. El antisemitismo tiene unas raíces muy, muy antiguas. Hoy en día, el antisemitismo ya no se ejerce en función de sus antiguas raíces católicas o cristianas, que es lo que sucedió en España durante mucho tiempo. Se ejerce básicamente, pero no exclusivamente, a partir de una cultura musulmana, que también es muy antigua, y que cuando se interpreta de forma radical desemboca muy claramente en un rechazo de los judíos. Es fastidioso porque esa cultura musulmana anti-judía en España y en Europa la transmite la extrema izquierda, y lo hace sin darse cuenta. Es un peligro, porque anima a la gente a convertirse, no solo al islam, sino al islam racial, un islam extremista, que, a menudo, es un islam terrorista y asesino.

Usted nace en Marruecos. ¿Cómo era la vida de una familia sefardí allá, después de salir de España?

Mi familia vivió en Marruecos durante siglos. Después de España, vino Marruecos. Había una coexistencia, pero los judíos siempre han sido considerados ciudadanos de segunda. Tuvieron que llegar los franceses colonizadores para cambiar las cosas, para proteger a los judíos, bien haciéndoles franceses -yo soy francés por eso- bien protegiéndoles. Y, porque tenemos una experiencia de la vida en tierra islámica, conocemos su mentalidad. En Francia, hay un libro centrado en este asunto, muy bueno, de un historiador. El título es muy interesante, Convivialité et mépris. Significa que vivimos juntos, comemos juntos, hacemos fiestas juntos, pero el uno desprecia al otro: el musulmán despreciaba al judío.

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