Los periodistas del Sáhara Occidental, silenciados por la represión y la tortura

La sección española de Reporteros Sin Fronteras (RSF) presentó ayer en la sede de la Asociación de Prensa de Madrid (APM) el informe «Sáhara Occidental, un desierto para el periodismo», un trabajo donde se detalla la persecución que padecen los periodistas que informan sobre la vida en la excolonia. En febrero de 1976, España se retiró del territorio, ahogado por la violencia de los choques entre el Frente Polisario y los ejércitos marroquí y mauritano. Hoy, como denuncia el texto, sus habitantes padecen la «ocupación civil y militar de Marruecos». Aministía Internacional o Human Rights Watch, organizaciones en defensa de los derechos humanos, denuncian con frecuencia la represión que alienta Rabat.

Sobre todas esas cuestiones se habló en el evento, que contó con la presencia de Victoria Prego, presidenta de la APM; Alfonso Armada, presidente de la sección española de RSF; Nemesio Rodríguez, presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE); Edith R. Cachera, autora del informe y corresponsal de RSF en España, y Ahmed Ettanji, periodista y confundador de «Équipe Media», una agencia creada en el Sáhara Occidental en 2009. Además, Pablo de Dalmases, el que fuera director de «La Realidad», el último diario español que se editó en la región, también intervino.

«España tiene un compromiso histórico y moral con el Sáhara Occidental», sostuvo Prego, que fue la primera en hablar. «En todo régimen autoritario, la primera víctima es la información. Los periodistas están siendo perseguidos y masacrados», denunció. «Compartimos con Prego –siguió Armada– que España tiene una deuda. El papel de RSF es que la libertad de prensa se defienda en todo el mundo. Marruecos impide a los periodistas extranjeros, pero también saharauis, informar de lo que pasa en el Sáhara Occidental. Tenemos la obligación moral de hablar del agujero informativo».

El presidente de la sección española recordó el caso de Timor Oriental, la excolonia portuguesa que se independizó de Indonesia tras el referéndum de autodeterminación celebrado en agosto de 1999. Rodríguez, siguiente en el turno de palabra, también se refirió a ese caso: «El informe anima a conocer la realidad de lo que está pasando en el Sáhara Occidental. Como con Timor Oriental, aquello de lo que se habla, termina por solucionarse».

Los periodistas Edith R. Cachera (RSF) y Ahmed Ettaji (Equipe Media), ayer
Los periodistas Edith R. Cachera (RSF) y Ahmed Ettaji (Equipe Media), ayer – EFE

Cachera, responsable del informe, detalló el método seguido para su redacción, haciendo hincapié en el «contexto histórico» que introduce el tema estudiado y en la importancia de reflexionar cuidadosamente sobre el mismo: «El Sáhara Occidental es una zona que no está en guerra, pero tampoco en paz. Se ha transformado en una cuestión de periodismo humanitario, cuando, en realidad, es un conflicto político sin resolver», expuso.

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El periodista Ettanji retomó una reflexión de la periodista Yolanda Sobero y habló sobre el doble bloqueo que sufre la región. El primero es visible y se eleva como un muro de 2.700 kilómetros donde se concentra la mayor cantidad de minas antipersona del mundo. El segundo es intangible, pero no por eso hay que desdeñar su poder destructivo. Es el que impone «el silencio mediático internacional», que su agencia de prensa combate mediante la «sensibilización de la lucha no violenta, desmintiendo la propaganda marroquí y trabajando con organizaciones internacionales».

Las razones del apagón

Para estudiar la cobertura mínima que los medios españoles hacen del Sáhara Occidental, el informe de RSF emplea como fuente el testimonio de varios periodistas, que consideran que el apagón mediático responde a múltiples causas: al sentimiento de que es «un tema estancado», apunta Ignacio Cembrero; «a la crisis del sector» y a «la precariedad», señala Rosa Meneses, y a la «incomodidad» de escribir sobre de un conflicto en el que está implicado un país vecino, añade Yolanda Sobero. También a las bazas de las que disfruta Marruecos para agarrar con fuerza la batuta y exhibir su poder: «Marruecos maneja temas absolutamente estratégicos para España: la inmigración, la pesca y la presión en torno a Ceuta y Melilla», concluye Paco de Dalmases. Sin embargo, el silencio atiende a más razones.

«Si la prensa europea, especialmente la española y la francesa, parecen jugar un papel claro en el silencio mediático que envuelve al Sáhara Occidental, tampoco está exento de responsabilidad quien maneja la comunicación oficial de los intereses saharauis desde su creación: el Frente Polisario», añade el informe. El texto recoge las declaraciones de la saharaui Ebabba Hameida, una periodista que vincula la autocrítica con la información de calidad y reclama que las coberturas no se limiten a mantras caducos de tono lastimero: «Nosotros somos un pueblo más, no hay que idealizar a los saharauis. Tenemos corrupción y mala gestión, las mujeres no son del todo libres… Estas cosas hay que contarlas y no pasa nada. (…) No uséis siempre la eterna consigna, no podemos estar todo el día con ‘Sáhara Libre’, porque eso ya no crea titulares». Humanizar, en definitiva, para no pintar una postal.

Acusaciones falsas y torturas

Los casos recabados y documentados en el informe exponen con detalle las violaciones y la negación sistemática de derechos. Algunos, como los 25 civiles que fueron arrestados en 2010 durante unas protestas contra la ocupación, fueron condenados por un tribunal militar a penas de entre 20 años a cadena perpetua a través de confesiones extraídas mediante torturas, según han constatado diversas oenegés.

Además, cuatro informadores que también fueron detenidos pasaron seis meses en prisión, durante los cuales «se les sacaba desnudos a un patio en pleno invierno, se les mojaba con agua helada, y se les apaleaba, fotografiaba y filmaba ante el director de la prisión». Prácticas que vulneran, según señala RSF, tanto la Consititución marroquí como la adhesión a la Convención de la ONU contra la Tortura.

Igual de común es, en el afán de Marruecos por acallar cualquier voz crítica, la fabricación de acusaciones de peso que permita mantener a los periodistas apartados del ejercicio el mayor tiempo posible. Así, muchos son habitualmente imputados por delitos como «organización de banda criminal», «provocación de incendios», «obstrución de la vía publica» o «destrucción de bienes de propiedad común». De la misma forma, las amenazas –tanto al periodista como a su entorno familiar–, las escuchas telefónicas, las detenciones en comisaria durante largos períodos o hasta los «hackeos» informáticos son parte del día a día de los informadores, según se detalla. Las conclusiones del informe inciden en este aspecto: que Marruecos respete a los periodistas que trabajan sobre el terreno.

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