Los peores rascacielos españoles

  • Hotel Hesperia Tower

    Arquitectos: Luis Alonso y Sergi Balaguer. Ubicación: Hospitalet de Llobregat (Barcelona). Año de construcción: 2006. Altura: 105 metros.

    El edificio se planteó como parte activa del proceso de regeneración urbana propuesto por el Plan Hospitalet 2010. Su ubicación (que lo convertía en una especie de puerta sur-oeste de Barcelona), su altura y su programa de usos debían hacer de él un emblema, un nuevo referente. Dispuesto en forma de L, y dividido en una zona inferior y otra superior, sus 30 plantas habían de acoger espacios públicos, un centro de conferencias con aforo para 1.800 personas y un auditorio para 500, así como 1.500 m2 para la sede administrativa de la compañía Hesperia y un club deportivo de 4.500 y un hotel de cinco estrellas con más de 300 habitaciones. Todo rematado por una burbuja acristalada, que sugiere más la forma de un platillo volante, en lo más alto del edificio.

  • Gran Hotel Bali

    Arquitecto: Antonio Escario. Ubicación: Benidorm. Año de construcción: 2002. Altura: 186 metros.

    Diseñado para tener una altura de 210 metros, que finalmente quedaron en 186, es el hotel más alto de Europa. Su construcción llevó 14 años y cuenta con 43 plantas y 776 habitaciones.

    El director del proyecto fue el reconocido Antonio Escario, que pensó una estructura de hormigón armado de concepción estructural y funcional nítida, eminentemente racional, que enfatizaba la potencia de su verticalidad, con reminiscencias de la Torre Eiffel, representativa de la concepción previa al 11-S sobre el rascacielos, aún no consciente de la vulnerabilidad de la edificación en altura. Dicho esto, está considerado como un hotel donde la seguridad del huésped está garantizada, al disponer de sistemas informáticos avanzados para prevenir accidentes u ofrecer máxima protección en caso de que sucedan.

  • Rascacielos Intempo

    Arquitecto: Pérez-Guerras Arquitectos. Ubicación: Benidorm. Año de construcción: 2015 (sin finalizar). Altura: 192 m.

    El rascacielos Intempo es una de esas creaciones desconcertantes, imposibles de ajustar a ninguna forma de valoración ortodoxa. Quizá sea la alegoría más exacta de la desmesura y el pomposo exceso de ese tiempo reciente de prosperidad económica. Eso lo convertiría ya en monumento.

    Mide 192 metros. Es el rascacielos residencial más alto de España -el segundo de la UE- y el quinto edificio de más altura del país. Hasta donde constan las referencias, está inacabado y es propiedad de una promotora en concurso de acreedores. Su finalización estaba prevista para 2010, pero la crisis sumió su construcción en problemas. Extremadamente esbelto, posee una inconfundible configuración geométrica: dos torres rectas paralelas unidas por un cono invertido de base elíptica.

  • Torre Lúgano

    Arquitecto: Adolfo Rodríguez. Ubicación: Benidorm. Año de construcción: 2007. Altura: 158 metros.

    En un artículo publicado en 2016, The Wall Street Journal señalaba esta torre en un artículo titulado «Los edificios zombi ensombrecen el futuro económico de España». He aquí otro ejemplo de esos emprendimientos inmobiliarios salvajes que proliferaron en la época del pelotazo en esta localidad y que el periodista Íñigo Domínguez describía como «un Blade Runner cañí» en Mediterráneo descapotable, un libro imprescindible para entender los años del despilfarro descerebrado y su legado arquitectónico. En aquella época de superlativos, la Torre Lúgano se presentó como el rascacielos residencial más alto de España, con más de 200 viviendas «de lujo». Sin embargo, el proyecto se convirtió en un nido incesante de problemas para sus propietarios.

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