Los latidos de una época

A Francisco Brines le han dado el premio Cervantes y su poesía, que mira hacia dentro y se bate con el tiempo inclemente, ha regresado al ruido de la actualidad y se ha mezclado con las cosas de este presente incómodo. En una lejana entrevista, alrededor de 1990, dijo: “Me gustaría escribir alguna vez un poema (al menos de tres versos, pues no soporto los pareados) que pudieran leer con emoción perceptible los hijos de tus futuros nietos”. Era una manera de confesar ese anhelo de seguir durando, y de que las palabras que saliesen de su mano llegaran a tocar también las entrañas de un lector de una época distinta. Ahí están los versos de su Mere Road, donde se refiere a sí mismo como “un hombre que viviera perdido en una casa de una extraña ciudad”, “o alguien que, de existir, ya hubiera muerto / o todavía ha de nacer; / quiero decir, alguien que en realidad no existe”. Corremos los visillos y, afuera, el mundo sigue su curso y hay unos jóvenes que te empujan a tu propia juventud ya lejana e inalcanzable, y viene esa “fría soledad” y el saberse ajeno.

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