Los espías filósofos

Nadie se sorprendió, en aquel suburbio de Washington DC, cuando se vinieron a vivir en él los esposos Jennings, Philip y Elizabeth, que parecían la esencia misma de las parejas estadounidenses. Tenían dos hijos: Paige, la mayor, que ayudaba mucho al pastor bautista del barrio y se había dado en esa iglesia el chapuzón lustral, y Henry, el hijo menor, as de las matemáticas y del deporte, que se disputaban con becas los mejores colegios. Los Jennings se ganaban la vida con una agencia de viajes y, casualmente, había llegado a vivir en el barrio su vecino, Stan Beeman, agente del FBI y especialista en contraespionaje, del que aquellos se hicieron muy amigos.

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