«Los desfiles que no cuentan nada son fríos, sin alma»

Sus más de dos décadas en el mundo de la moda le han valido una multitud de reconocimientos. Es un modisto de los de antes, que convierte cada diseño en artesanía pura y sus desfiles en una historia con la que soñar. Humilde y con mucho desparpajo, Juan Duyos (Madrid, 1968) vive una vida apacible cuando no está sumido en la vorágine de los desfiles. No le pide más a la vida, se siente una persona afortunada pudiéndose dedicar a lo que le gusta y proporcionado a sus clientas de toda la vida lo que quieren en su tienda de la calle Barquillo. En el espacio madrileño CO_LAB Café by IQOS, un coworking para fumadores que se ha creado en el céntrico palacio de Santa Bárbara, el diseñador hace un repaso con ABC a su carrera con la vista puesta en la Mercedes Benz-Fashion Week Madrid, que tendrá lugar del 24 al 29 de enero en el recinto ferial de Ifema.

¿Por qué no ha dado el salto a otras pasarelas fuera de España?

Para triunfar en una ciudad de fuera tienes que vivir en esa ciudad. Todo lo que rodea a un diseñador es su entorno y el mío es este: conozco a las diseñadoras de moda de aquí, mis celebrities son de aquí… No puedes plantar una semilla y volverte, tienes que ir a sus fiestas, estar en sus movidas… y no quiero vivir fuera de España. Tiene mucho que ver con mi forma de vivir y de ver la moda, con mi estilo de vida. Ahora mismo tengo la vida que quiero, soy una persona afortunada. Puedo ir andando al trabajo con mi perro, funciono bien, pago a los míos y vivo bien.

¿Cómo ve la moda en estos momentos?

En general ha cambiado muchísimo, principalmente por el factor de las redes sociales, que es lo que ha hecho que todo se genere de una manera mucho más rápida y que haya sitio para todo este fenómeno de la gente que utiliza Instagram para hacerse famoso o para alcanzar el éxito.

¿Ese fenómeno del que habla le ha influido a la hora de diseñar?

A mí no, porque no tengo ni Instagram. Mi vida funciona bien, mi negocio también y no he necesitado de momento eso porque mis clientas siguen necesitando del consumo de mi ropa. Tampoco vendo mi producto a través de Instagram. Lo que hago es una colección preciosa que tiene una comunicación fantástica dentro de la Semana de la Moda de Madrid y, a partir de ahí, se genera un negocio que es el que a mí me conviene. Tenemos un Facebook de empresa, pero no quiero que la gente sepa qué magdalenas estoy desayunando.

¿Se podría decir que usted es más un diseñador artesano?

Sí, claro. Creo que la artesanía es el auténtico lujo, que una persona te esté haciendo durante mucho tiempo un vestido va más allá de un logotipo. Mis clientas no quieren un logotipo, les interesa abrir el abrigo y que esté impecable por dentro, que se lo puedan dejar al revés y que flipe todo el mundo. Y siguen buscando esa cosa personalizada, con cariño, hecho despacito…

¿Nunca ha pensado en pasarse al «prêt-à-porter»?

De momento no me llama. Pasé por un 2008 que para mí fue el peor, cuando el comienzo de la crisis, y dije ‘yo voy a hacer lo mío’, con mi equipo y atención personalizada, una vuelta a la costura real.

¿Con qué va a sorprender este año en la Semana de la Moda de Madrid?

Recuerdos del desfile de Duyos de su 20º aniversario
Recuerdos del desfile de Duyos de su 20º aniversarioÁNGEL DE ANTONIO/DE SAN BERNARDO

Me gusta contar algo, los diseñadores somos contadores de historias y cada uno cuenta la suya. El desfile por mi 20º aniversario fue muy especial porque subieron a la pasarela mis amigas modelos de los 90, incluso algunas de los 80. Lo que queremos contar en esta colección es una historia nueva dentro de nuestra forma de ser y queremos hacer soñar con una cosa muy bonita sobre viajes. Los desfiles que no cuentan nada son fríos, no tienen alma… es como las canciones. Hacer un desfile por enseñar un muestrario de ropa sin más, que me parece fenomenal, a mí no me gusta, pero yo tengo que contar algo para que yo vibre y me siga divirtiendo y emocionando.

¿Revive sus colecciones pasadas?

No, no suelo. El primero sí que fue muy especial porque no tenía nada, saqué a mis primos. En ese momento éramos chavales, vivíamos de noche, salíamos con amigos… Saqué a todos mis amigos como modelos sin orden alguno, en plan caótico, algo que no he vuelto a hacer y bueno… me encantaría repetir. Sí que es verdad que veo los más recientes.

¿Nota muchos cambios de los primeros desfiles a los últimos?

Sí, hay una evolución muy grande. Desde ese chaval rebelde hasta lo que estoy haciendo ahora, con tejidos entre manos que antes no me podía ni permitir. Me acuerdo de ir a rastros y comprar la tela allí, era otra cosa. Empezó como un juego y se ha convertido en parte de mi vida, en mi profesión y mi negocio.

¿Nació sabiendo que quería ser diseñador?

Que va… Sí que es verdad que mi madre me decía que cuando abría la nevera la arreglaba por colores. Siempre he tenido cierta historia innata con el orden, el color, el volumen… Luego hice Bellas Artes y después moda. Empezó como una locura y con mucha energía, era como un juego. Soy más creador que modisto, no me siento a coser en una máquina, sé lo que quiero y cómo quiero que lo cosan, pero a mí lo que me gusta es crear, diseñar, proponer… La moda no es solo hacer una falda o un pantalón, es un estilo de vida, es tu taza de desayuno, la sábana con la que te tapas…

¿Los desfiles los sigue viviendo igual que el primer día?

Creo que cuando se me pase este subidón que me da mi trabajo, me pasaré a otra cosa. Los que tenemos esta cosa no hay que perder, por eso quiero en cada colección contar algo que me conmueva. Me mueven las emociones, evidentemente luego perfeccionas las técnicas.

¿Qué le pareció la venta de Versace por 2.000 millones de dólares?

Yo no me lo puedo comprar, aunque tampoco me interesa. Ese mundo del imperio y del emporio y de tener más y más, no va conmigo. Si me pasase de repente eso y me dijesen que me van a inyectar miles de euros, creo que ahora mismo no lo cogería porque me cambiaría la vida y yo no quiero que mi vida cambie. Puede parecer falsa modestia, pero no es así. Mi cotidianidad me chifla, mis clientas, mi entorno, me siento un tío afortunado… Puede vivir bien y trabajar con la gente que me gusta. Sí que es verdad que te puede tentar la fórmula del dinero, pero ya con 40 y pico años no sé si quiero que me cambie la vida.

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