Los coches más rápidos del mundo en 2019

Cuando un «driver» busca un coche con una velocidad punta sobresaliente está persiguiendo una emoción. El movimiento, el estímulo de una carrera, acoplarse a una fiera para domar a la que lleva dentro, superarse a sí mismo en cada marca. Si existe un sentimiento que una a Steve McQueen con Baudelaire y las estrellas del rock es esa inclinación que los arrastra a vivir al límite. Hay cuatro factores que determinan un récord de velocidad: la máquina en sí, la pista, la ubicación y el clima. Los coches que más corren tienen el motor en situación central, una suspensión eficiente, control electrónico de tracción -preferiblemente a las cuatro ruedas– y discos de frenos cerámicos o carbocerámicos. Los mejores superdeportivos incorporan hasta cuatro turbos y sus cajas de cambio son automatizadas. Los dobles embragues son los reyes. Las últimas tecnologías aplicadas a casi todos los deportivos consiguen marcas de velocidad superiores a los 300 km/h, aunque para conducir en carretera la velocidad se limita por seguridad. Los coleccionistas y los aficionados a las carreras pueden hacerse con bólidos aptos para circuitos con soluciones de Fórmula 1. El reto actual de la industria del automóvil en lo que a velocidad punta se refiere es fabricar un coche de calle capaz de llegar  a 500 km/h. Diseñar una máquina capaz de hacerlo es todavía inconcebible, aunque algunos vehículos premium ya se aproximan a la meta. 

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