Los bancos centrales buscarán una «cooperación sin precedentes» entre tambores de crisis

Después de que el amplio y creativo catálogo de políticas monetarias no convencionales se haya ido agotando sin lograr impulsar las economías y tras un largo periodo de tipos de interés bajos que no ha surtido efecto sobre los precios, los banqueros centrales vuelven a reunirse esta semana en el Federal Reserve Bank of Kansas Citys Economic Symposium, más conocido y abreviado como Jackson Hole. Se espera que el discurso del titular del sistema, Jerome Powell, brinde pistas acerca de una nueva bajada de tasas para incentivar la producción, pero no menos esperada es la presentación de un documento que invita a las autoridades monetarias del mundo a dar una nueva vuelta de tuerca en sus funciones y a intervenir directamente en la financiación de la inversión pública y privada, cambiando el sistema financiero tal y como lo hemos conocido hasta ahora.

El texto, que está siendo ya intensamente leído en Europa, es obra de Elga Bartsch, responsable de análisis económico y mercados de BlackRock Investment Institute y que anteriormente pasó del área de análisis en el Instituto Kiel para la Economía Mundial a trabajar como economista jefa para Europa en Morgan Stanley de Londres, junto a Stanley Fischer, exvicepresidente de la Reserva Federal, el exbanquero central suizo Philipp Hildebrand y el exvicepresidente del Banco de Canadá, Jean Boivin. Este destacado equipo de segunda fila denomina su propuesta «Cooperación sin precedentes» e invita a los bancos centrales a «atacar al problema en su raíz». «Going direct», intervenir directamente, transferir dinero sin intermediarios a actores económicos públicos y privados, de manera que la impresión de billetes está financiando ya por vía directa, según describen en el documento, la inversión pública y privada.

La primera impresión es que se trata de una codificación de los ya conocidos rescates de dinero en helicóptero que hemos visto desde Lehmann Brothers hasta hoy en diferentes modalidades, pero hay una diferencia crucial: los billetes no lloverán sobre todos los mercados indiscriminadamente, sino que los bancos centrales, en coordinación con los gobiernos, dirigirían con mando a distancia la distribución de ese dinero. Son más bien rescates de dinero en dron no tripulado.

Los límites entre la política monetaria y fiscal, que ya se han vuelto significativamente permeables desde la crisis financiera, serían todavía más borrosos. Sugieren el nombramiento de paneles de expertos que supervisen y den el visto bueno al destino de cantidades ingentes de dinero y se plantea esta cesión de independencia de los bancos centrales como un sacrificio en aras de salvar al mundo de una recesión global.

El camino ya está allanado. Los grandes programas de compra de deuda pública y privada por parte de bancos centrales nos han adentrado ya en una nueva edad de la política monetaria, cuyas consecuencias son todavía difíciles de calibrar pero que sí han dejado claro que los principales perjudicados son los ahorradores. La politización de los bancos centrales también registra una senda creciente. En los órganos de decisión hay cada día más perfiles de trayectoria política que economistas de carrera académica. Y la creatividad monetaria no parece hallar límite.

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El excomisario europeo Olli Rehn ha sugerido que el BCE prepara otro plan de estímulos para la próxima cita del 12 de septiembre. Rehn, que es gobernador del banco central de Finlandia y miembro del consejo de BCE, tira de refranero y defiende que más vale que sobre, que no que falte. «Es preferible que el BCE se exceda en sus nuevas medidas a que decepcione las expectativas del mercado», despachó a The Wall Street Journal en una entrevista. El débil dato de inflación de Eurostat carga aparentemente de razones a estos planes del BCE. Y a modo de bienvenida a los economistas que van llegando ya a Jackson Hole, Donald Trump ha vuelto a tuitear poniendo en duda la efectividad de la Reserva Federal, que en su última reunión de julio ya ejecutó la primera rebaja de los tipos de interés desde 2008.

El presidente estadounidense ha defendido la fortaleza de la economía de su país «a pesar de la horrenda falta de visión de Jay Powell» y subraya la necesidad de que la Fed rebaje de nuevo los tipos de interés, insistiendo en que vuelva a comprar deuda y a ampliar su balance en una nueva ronda de flexibilización cuantitativa.

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