Los 50 mejores libros de 2020

Cuando los arqueólogos del futuro encuentren un fósil digital con un enlace a los mejores libros de 2020 según Babelia, sabrán que en el gran año de la covid ningún libro sobre la pandemia se coló en el palmarés pero triunfaron títulos que retratan bien la sociedad del momento. Por un lado, el reconocimiento de la literatura escrita por mujeres es rotundo: las novelistas y poetas ocupan seis de los primeros diez puestos de la lista, incluido el principal, que es para Sara Mesa con Un amor. Por otro lado, La era del capitalismo de la vigilancia, de Shoshana Zuboff, sobresalió en meses en que —por ocio, por negocio y por telenegocio— nos volcamos en la vida digital mientras Los europeos, del inglés Orlando Figes, y Otoño, de la escocesa Ali Smith, hicieron lo propio en el año en que se consumó el brexit.

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FUERON LIBROS DEL AÑO…

2019. Lluvia fina. Luis Landero. Tusquets.

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2018. Ordesa. Manuel Vilas. Alfaguara.

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2017. Berta Isla. Javier Marías. Alfaguara.

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2016. Manual para mujeres de la limpieza. Lucia Berlin. Alfaguara.

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2015. Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación Ricardo Piglia. Anagrama.

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2014. Así empieza lo malo. Javier Marías. Alfaguara.

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2013. En la orilla. Rafael Chirbes. Anagrama.

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2012. Pensar el siglo XX. Tony Judt. Taurus.

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2011. Los enamoramientos. Javier Marías. Alfaguara.

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2010. Verano. J. M. Coetzee. Literatura Random House.

2009. Anatomía de un instante. Javier Cercas. Literatura Random House.

2008. Chesil Beach. Ian McEwan. Anagrama.

2007. Vida y destino. Vasili Grossman. Galaxia Gutenberg.

Seis visiones desde América Latina

LILIANA COLANZI

Estrella madre, de Giuseppe Caputo.

Esta es una novela extraordinaria, conmovedora, poderosísima, repleta de imágenes memorables. En Estrella madre, un hijo espera a una madre que no llega. La novela se articula en torno a una visión alternativa a un mundo dominado por valores masculinos tradicionales: en ella el cuidado es más importante que la competitividad, y son centrales la fragilidad, el melodrama, la homosexualidad, la maternidad imperfecta. Una imagen emblemática es la de los obreros de la construcción que regresan cada noche a besarse: esa imagen es un horizonte de futuro. Estrella madre también toca la cuestión del dinero o su falta, pero ello no la lleva a instalarse sobre la carencia: el deseo sigue siendo fundamental. También recomiendo el libro de cuentos góticos Tierra fresca de su tumba, de Giovanna Rivero, y la novela Manubiduyepe, de Juan Pablo Piñeiro, ambientada en la selva de Pando: Rivero y Piñeiro escriben desde los pliegues de varias Bolivias que han permanecido ocultas para la ficción.

FERNANDA TRÍAS

Tejer la Oscuridad, de Emiliano Monge.

Con más de ochenta narradores distintos, esta impresionante distopía va hilando las voces de los huérfanos, aquellos a quienes hemos entregado un mundo deshecho… y ¿qué harán ellos con estos pedazos? A lo largo de su viaje-diáspora, la comunidad de supervivientes va tejiendo el tiempo y la memoria a través de la construcción de un lenguaje propio y al mismo tiempo colectivo. Esta novela enjambre se siente como un organismo vivo. Las búsquedas y las luchas de las distintas generaciones son como las mareas, que suben y se retiran, se acercan y se alejan. Por momentos nos ofrece una experiencia mística: destellos que revelan la inevitable impermanencia, el infinito movimiento. Esta novela es poesía pura, y nos recuerda de qué está hecha la gran literatura.

YÁSNAYA ELENA AGUILAR

Autobiografía del algodón, de Cristina Rivera Garza.

Este libro de Cristina Rivera Garza alumbra el territorio norte del país a través de la búsqueda de las huellas que la migración de su familia fue dejando por campos de algodón y la búsqueda de una tierra prometida que el proyecto del estado mexicano soñó alguna vez para la frontera norte. Rivera Garza teje memorias imaginadas de sus abuelas para dar un nuevo significado a las palabras territorio y norte.

MARÍA GÓMEZ LARA

Babiuscas para niños muertos que no pueden dormir, de Francia Elena Goenaga.

La autora dedica este poemario a los niños colombianos que han sufrido violencia y a sus madres. Un libro conmovedor, en donde la musicalidad del arrullo, que recuerda los cantos populares de la costa pacífica colombiana, contrasta con unas imágenes devastadoras en las que la muerte se confunde con el sueño, y la violencia también se resiste desde la ternura. En este libro canta una voz valiente, hecha de muchas voces, de lamentos que se estrellan y resuenan. Una voz sutil en su nombrar que se desgarra para contener el dolor y el horror de la masacre, cuando hasta la naturaleza se queda sin palabras.

GABRIELA CABEZÓN CÁMARA

No es un río, de Selva Almada.

Tres hombres, dos adultos y un joven, van de pesca a las islas del Paraná. Más unidos por la historia común y una muerte que los marcó a los tres que por las pocas palabras que se dicen, atravesarán esos días rodeados de los fantasmas propios, los isleños de carne y hueso, los fantasmas de los isleños y la fuerza de una naturaleza exhuberante. Almada cuenta una historia como quien escribe un poema de esos en que cada palabra está viva y brilla y pesa en todo su esplendor: construye una lírica extraordinaria, una lírica de la aspereza, una que hace sonar el silencio sin perder nunca el pulso narrativo.

CARLOS MANUEL ÁLVAREZ

Elástico de Sombra, de Juan Cárdenas.

Elástico de sombra milita en la danza y resiste en el aire. «En estas montañas estamos peleando dos guerras: la del siglo XIX y la del siglo XXI», dice don Floro, uno de los personajes del libro. La vitalidad de ese tiempo político múltiple descansa en que la novela se escurre permanentemente de las zonas de la costumbre histórica. El golpe del machete traza caligrafías secretas, abre zanjas en el viento y las palabras adquieren el ritmo de la esgrima negra. Mientras los personajes se adentran en el Cauca en busca del secreto, el texto se adentra en el idioma en busca del misterio. Así, lo que los personajes descubren, el signo lo esconde, y esa fiesta pícara del movimiento es lo que ahí se llama «el falso diagonal». La lengua en la que Cárdenas escribe, que nadie con exactitud puede cartografiar, despierta al muerto y afantasma al vivo, para demostrarnos que no hay guerra alguna que haya concluido aún.

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