Lorca, el arte del ‘tardeo’ | El Viajero

En mayo de 2011 un terremoto asoló esta localidad murciana de Lorca de casi 100.000 habitantes dejando nueve muertos, edificios derrumbados o resquebrajados y patrimonio afectado. Regresamos para comprobar que las heridas se han cerrado y la ciudad luce sus cicatrices con orgullo de prueba superada. La covid-19 ha tenido a Lorca en un ay. Este año tampoco habrá Semana Santa, aunque las cofradías tienen previsto actividades virtuales y con aforo reducido. Pero ya se han reanudado las visitas para conocer su patrimonio. Monumentos restaurados, museos de bordados maravillosos que aspiran a ser patrimonio inmaterial de la Unesco, un castillo y una sinagoga puesta en valor. Además, la celebración de San Patricio es el 17 de marzo, que a pesar de no ser el patrón de la ciudad está muy ligado a Lorca. Aquí espera hasta un trocito de costa virgen a la que asomarse un soleado día de primavera.

8.00 Cicatrices históricas

El parador de Lorca (1), con su fachada antisísmica de bandas de acero convertida en seña de identidad, se abre a la ciudad desde el recinto del castillo; un kilómetro de longitud, dos aljibes árabes transformados en espacios expositivos, la torre Alfonsina (del siglo XIII) y la del Espolón, arquitectura medieval con vistas al valle del Guadalentín y graves grietas provocadas por el seísmo. Como dicen algunos, se han curado las heridas sin cirugía estética, de manera que las cicatrices se incorporan al monumento como parte de su historia.

Del territorio árabe y cristiano a la sinagoga, que salió a la luz durante la construcción del parador. Cuando la cantante israelí Noa vino a Lorca en el verano de 2011 para un concierto solidario, pidió quedarse a solas rezando en ella. Data del siglo XV, es la primera hallada en la región y nunca se destinó a otros usos. Se alza junto a los restos de un edificio notable —no está claro si escuela talmúdica o casa del rabino—, flanqueada por una judería en la que los arqueólogos siguen trabajando. Ha sido la carta de presentación de Lorca para integrarse en la Red de Juderías de España.

11.00 Costa virgen a la vista

Lorca es el segundo municipio más extenso de España después de Cáceres; desde su casco urbano se extiende unos 40 kilómetros hacia el mar para lamer una franja de 10 kilómetros de costa virgen. Una sucesión de calas con mucho encanto integradas en el parque regional Calnegre y Cabo Cope (2). En el poblado de Puntas de Calnegre hay pequeños restaurantes prácticamente en la arena. Cuando llegue mayo abrirá el chiringuito El Líos en la cala de Calnegre.

13.00 Minirruta patrimonial

El centro de visitantes (Puerta de San Ginés, 13; lorcatallerdeltiempo.com) (3), ubicado en el antiguo convento de la Merced, del siglo XVI, es un buen punto de partida para conocer el meollo patrimonial, barroco y renacentista de Lorca, en torno a la plaza de España (4), donde están la oficina de turismo, el Ayuntamiento y la antigua colegiata de San Patricio, que con las obras tras el terremoto ha ganado en policromía (aparecieron pinturas murales) y ha recuperado criptas ocultas bajo capas de suelo. La plaza del Caño (5) alberga el Pósito de Panaderos y la Casa del Corregidor. La calle de la Cava, casas del XIX y el Porche de San Antonio (6), antigua puerta medieval que formaba parte de la muralla árabe. Hay que irse más lejos, hasta la pedanía de Tiata (7), para ver los restos del palacio califal, hallados bajo el santuario de la Virgen de las Huertas (plaza del Rey Sabio), patrona de Lorca.

14.00 Delicias en pequeño formato

Las mil posibilidades de combinatoria que ofrecen la huerta del Guadalentín, las carnes como el chato murciano —raza autóctona de cerdo en fase de recuperación— y la pesca, todas ellas elaboradas según recetas de origen sefardí, árabe y cristiano, abren un abanico de platos que a los lorquinos les gusta tomar en formato tapa y en modo picoteo para compartir, filosofía poco recomendable (entre no convivientes) en este tiempo pandémico. Además, las reuniones ahora mismo no pueden exceder las cuatro personas y no se sirve en el interior de bares y restaurantes. Recomendable, cuando reabra, Casa Roberto (8), ubicado desde hace cuatro años en una antigua vivienda de tres plantas en Corredera, 21, la calle de las compras y feudo del comercio tradicional. Por allí desfilan exquisiteces como las alcachofas, el arroz con pavo, la olla de vigilia, el pulpo, los crespillos, los chochos y picardías (repostería clásica en Carnaval y Semana Santa). El mesón El Segoviano (General Terrer Leones, 12) (9) es famoso por sus migas. En primavera abrirá, en la zona de las Alamedas, pulmón verde de Lorca, el Merendero Padilla (Alameda Corregidor Lapuente) (10), una enorme y popular terraza donde la plancha no da abasto.

17.00 ¿Paso Blanco o Paso Azul?

En torno al eje de la calle que primero es Santo Domingo, después Lope Gisbert y más allá Cuesta de San Francisco se alinean el Museo Arqueológico (11), que guarda lámparas recuperadas de la sinagoga, y los museos de bordados del Paso Blanco (12) y del Paso Azul (13), que por ahora mantienen reducido su aforo al 50%. Alternan con iglesias, capillas y casas señoriales como el barroco palacio de Guevara (cuyo patio abre por las mañanas) (14), junto al Centro Regional de Artesanía (15). También con el teatro Guerra, de 1861, el más antiguo de la Región de Murcia, ubicado en la plaza de Calderón de la Barca (16), buen sitio para tapear (recomendable parar en el Albedrío; albedrio.es) o tomar un dulce en la tradicional pastelería Zenón. La antigua librería Álamo ha sido reconvertida en el espacio cultural Futuro Imperfecto (Almirante Antonio de Aguilar, 11) (17).

19.00 Seguir la tradición

Es típico en esta ciudad salir a la hora del aperitivo y regresar a casa ya cuando ha oscurecido. Es el tardeo, estirar la tarde y llegar para la cena a lugares como la Taberna La Cepa (antigua plaza de Abastos, 13) (18) o el Phelan’s Irish Pub (plaza de España, 2) (19). Con el estado de alarma, a las 22.00 todo el mundo en casa. O en hoteles como Jardines de Lorca (20).

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