‘Lo visible y lo invisible’, el último poema de Ernesto Cardenal

LO VISIBLE Y LO INVISIBLE

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El último Ernesto Cardenal inédito

La Colección Libros sobre Ruedas, que patrocina la EMT de Málaga, distribuye hoy gratuitamente Lo Visible y lo Invisible, una antología personal del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, con su último poema inédito.

Por Manuel Francisco Reina

Este 20 de enero, Ernesto Cardenal habría cumplido 95 años. Lo conocí en febrero del año 2016, en una gira por Nicaragua, presentando mi novela La Princesa Paca, que relataba la historia de amor entre Francisca Sánchez del Pozo y la gran figura nacional nicaragüense, el poeta Rubén Darío. Entre presentación y presentación, firma de libros y encuentros con estudiantes, académicos y medios, le pedí al eficiente director del Instituto Nicaragüense de Cultura Hispánica, René González-Mejía, aún hoy su director, que cumpliera mi deseo de conocer a los grandes escritores nicas que tanto admiraba. Gracias a sus gestiones, pude tratar, entre otros, y luego cultivar la relación, con Gioconda Belli, Sergio Ramírez, y Ernesto Cardenal. Al Padre Cardenal, que era como todos llamaban al poeta y sacerdote en Nicaragua, lo conocí en el Centro Nicaragüense de Escritores de Managua. A su lado, leal siempre, la poeta y pintora Luz Marina Acosta, asistente personal durante cuatro décadas de Cardenal, y su actual legataria. Me presentaron a aquel joven poeta de 91 años en el día que los cumplía. Mantenía en su cuerpo frágil una inteligencia lúcida, ávida por saber lo que hacíamos y escribíamos los autores en español de otras generaciones y países. Exigente, implacable con la poesía y sus creadores, me recordó en su compromiso a la poeta Pilar Paz Pasamar, mi maestra, a la que él conoció en el Madrid del año 49, y la concepción compartida por ambos de que “la palabra es sagrada”. Estaba aún suspendido “a divinis”, por el papa Juan Pablo II, por su significación política, aunque el actual Papa Francisco lo restituyera en el sacerdocio unos meses antes de fallecer.

Amparado en su generosidad, y en la mediación y amistad con su asistente, me atreví a pedirle una pequeña antología para la colección que dirijo en Málaga desde hace 4 años con el patrocinio de la Empresa Municipal de Transportes, y que distribuye cada mes 10.000 ejemplares de cada título. Cardenal trabajaba ya en el que sabía su último libro, con el título bíblico de En el camino de Emaús. (Poemas de resurrección) que meditaba sobre la vida pero, especialmente sobre la muerte. Al poeta le hizo ilusión mi propuesta y envió una antología poética personal. La selección, realizada en febrero del año pasado, incluía un texto inédito, que le da título al libro. Cuenta Luz Marina Acosta, que el poeta nicaragüense de noventaicinco años, terminó este poema el mismo día 20 de enero, día de su cumpleaños. En la fiesta que se le dio, en la embajada de México en Managua, Cardenal leyó algún fragmento de este largo poema que se da por primera vez a los lectores y que, según su asistente, fue el último poema que escribió pues falleció mes y medio después, el 1 de marzo. Formaba parte de este libro, ‘En el camino de Emaús’, del que es el último de 5 poemas, escritos como largos cánticos, en el que el poeta y sacerdote de la Teología de la Liberación habla de la muerte, de la unión con dios, que es el universo: “La belleza del universo nos refleja a Dios/y fue creado por él para unirse con nosotros” dice en un par de versos de este inédito, como si la hermosura del mundo fuera el espejo de Alicia a través del cual unir a la divinidad y sus criaturas.

Todo el ámbito poético de Ernesto Cardenal, está en este bellísimo texto místico, de unión con la naturaleza, de sabiduría y de asunción serena de la vida y de la muerte. Un texto revolucionario, como lo es toda su obra y su compromiso ético, estético, literario y político. Un canto a la evolución, a un “dios evolutivo” lo llama él, que se mira y está en su creación, en las estrellas, en la naturaleza, en todo, también en la muerte. Cardenal, el poeta más importante que ha dado Nicaragua, tierra de grandes escritores, después de Rubén Darío, sigue siendo una figura maltratada por la oficialidad del país. Su ejemplo y su obra, sin embargo, continúan siendo un referente de las letras hispanoamericanas contemporáneas y un faro de conciencia internacional. Ni siquiera sus exequias fueron respetadas, y una turba oficialista interrumpió el funeral insultando a Cardenal y golpeando su féretro. Podrán no nombrarlo en las aulas nicaragüenses, por imposición gubernamental, pero el creador de la llamada “revolución desprovista de venganza”, sigue tan vivo en sus versos últimos, como en sus más feroces textos del Cántico Cósmico, Salmos, o El Evangelio en Solentiname, con cuyos versos siguen dialogando, orgánicamente, estos últimos. Ernesto Cardenal, como todo poeta grande, vence la represión, la persecución y las afrentas, porque vive en su verdad vital y literaria. Es un poeta para el tiempo que habita en lo visible y lo invisible.

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