Lo que se espera del invierno

Encontré una viejecita que tras la gran nevada en Madrid solo mostraba una preocupación: que los pájaros tuvieran algo de comer. Cubierta la ciudad, era imposible para ellos encontrar con qué alimentarse, así que la buena mujer limpiaba pequeñas superficies y dejaba allí algunas migas y cereales. Supongo que los pájaros se lo agradecerán con esa manera suya, tan libre y poco ceremoniosa. Lo interesante es percibir que, bajo la fuerza de un acontecimiento que lo ocupa todo, se multiplican miles de mínimas historias que quedan sin contar. Algo así nos sucede desde un año atrás, en el que hemos experimentado una rara sensación. Parece que el día solo da para una noticia, que lo devora todo, lo ocupa todo, deja mudo el resto. A lo mejor tiene que ver con la nueva regla monopolística que ha impuesto el mercado en la Red, donde una marca ganadora se queda con todo el mercado. Puede que pase lo mismo con las noticias, que salta una y devora a las demás. Como si no fuéramos capaces de entender las distintas magnitudes y tuviéramos que asumir que nuestra limitación mental solo nos da para una preocupación al día. Te levantas por la mañana y dices: “Ah, vale, hoy me toca sufrir por esto”. Y todo lo demás queda aparcado hasta nueva orden.

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