Lo que no somos

Cuando la realidad nos golpea siempre viene acompañada del duelo y su inevitable sensación de pérdida. Ha sucedido así con la pandemia en todo el planeta y, por supuesto, en España, donde el coronavirus está representando un fuerte test de estrés para nuestro contrato social. La confianza en las instituciones, receptáculos de nuestros lazos de solidaridad y pertenencia a un proyecto común, formaba parte, junto a la aparente robustez de nuestro modélico sistema de atención sanitaria, de este largo sueño de más de cuarenta años en el que todo tenía el equívoco brillo del éxito ejemplar, incluida nuestra jefatura del Estado. Pero hay acontecimientos que aceleran la historia, o quizá muestren lo que, en el fondo, ya estaba ahí. La pandemia actuaría, así, como aquella metáfora de Stefan Zweig sobre el movimiento de una botella: al agitarse y posarse en el suelo, separa lo pesado de lo ligero y nos ayuda, al fin, a ver con claridad.

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