Lo que no puede ser

La primera ley de Clarke (formulada por el escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke) establece que, cuando un científico anciano asegura que algo es imposible, se equivoca con casi total seguridad. Mi ejemplo favorito es el de Lord Kelvin, que a finales del siglo XIX decretó que todo lo esencial de la física ya había sido descubierto y que solo quedaban por pulir unos cuantos decimales, en lo que constituye un planchazo histórico a solo unos años de que Planck y Einstein hallaran la mecánica cuántica y la relatividad, los dos pilares de la física actual. Esto enlaza con la segunda ley de Clarke, que dice que la única forma de descubrir los límites de lo posible es aventurarse hacia lo imposible. Se puede decir que Clarke cayó víctima de sus propias leyes, pues ninguno de esos enunciados es correcto. Lo cierto es que hay cosas imposibles por principio, cosas que no pueden ser así vivamos una eternidad. Son imposibilidades matemáticas, perfectas e irrefutables por los siglos de los siglos.

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