Lo que hay en un nombre | Babelia

¿Qué hay en un nombre? ¿Si le fuera dado otro nombre a la rosa, sería menos dulce su perfume?”. Esta cita, tomada del acto II de Romeo y Julieta, abre What’s in a Name, el último libro de la poeta Ana Luísa Amaral (Lisboa, 1956), una de las voces más importantes de las letras portuguesas de las tres últimas décadas. Un libro en el que la autora retoma algunas de sus preocupaciones fundamentales, y que habita un territorio poético que toma como elemento central la tensión entre la observación de la realidad cotidiana y la capacidad de expresión y comprensión a través de la palabra. Desde aquel lejano Minha senhora de quê (1990), que inauguró su trayectoria, Amaral ha construido una obra que se desdobla en paralelo a la poesía (sede central de su universo literario) a través del teatro, el ensayo, la narrativa para adultos o infantil y la traducción.

Precisamente en esta última faceta, su trabajo como traductora, encontramos algunas de las referencias fundamentales (Emily Dickinson o el propio William Shakespeare) con las que la poesía de Amaral se demora en una conversación serena, abriendo las puertas de su creación a un cruce de tradiciones que vincula en sus versos la lírica anglosajona con la portuguesa de algunos modernistas (Pessoa, sobre todo, y Mário de Sá-Carneiro) o de voces posteriores, como Jorge de Sena o la propia Sophia de Mello Breyner Andresen.

Con esos referentes, la obra poética de Ana Luísa Amaral suele adscribirse a la denominada generación portuguesa de los ochenta, que engloba un conjunto de nombres nacidos en los años cincuenta, algunos de los cuales ya han sido traducidos en España: Amadeu Baptista, Isabel de Sá, Jorge de Sousa Braga o la aún inédita en nuestro país Adília Lopes (aviso para editores: ¿para cuándo un libro de esta singular autora?). En todos ellos, en mayor o menor medida, es posible vislumbrar el asomo de lo real filtrado por un tamiz que se aproxima a un cierto nuevo confesionalismo, que en Ana Luísa Amaral se viste, además, con las ropas de la transfiguración íntima de los actos más cotidianos.

What’s in a Name esconde, tras una tramoya en la que se dan cita elementos y situaciones de la vida doméstica, una poesía de aliento hondo y respiración metafísica, en la que cualquier excusa sirve para intentar arrancar el poema de su ensamblaje con la realidad. Así, la poesía de Amaral, en la que respiran “los minúsculos gestos de los que está hecha la vida”, se sitúa al borde del abismo de una pregunta en primera persona del singular: “Pregunto: ¿qué hay en un nombre?”, a partir de la cual teje un libro enraizado en varias tradiciones que muestra una voz personal e inconfundible en el panorama lírico luso.

Ana Luísa Amaral trasciende la realidad de cualquier detalle (una receta de cocina, la forma de una verdura o la memoria de miembros de su familia o de lugares perdidos) para entregarse al acto profundamente intimista de la escritura, en el cual siempre aparece, como una tabla de salvación ante los posibles excesos neorrománticos, una visión distanciada e irónica de la existencia, en su propia búsqueda filosófica (no son pocas las voces que hablan de Amaral como una especie de Szymborska portuguesa). Gracias a esa estrategia, la poeta deconstruye el universo doméstico y afectivo y lo amasa con la materia de la memoria, en un continuo y persistente cuestionamiento sobre los límites de la posibilidad de nombrar y las fronteras del lenguaje poético.

Destaca especialmente en este libro la insistencia con que la autora sitúa al lector ante el hecho mismo de la escritura del poema, como una especie de pequeño milagro natural que intentase explicar cuanto tiene alrededor. Esa voluntad inequívoca de reflexionar tanto sobre la materia del poema como sobre su propia naturaleza logra uno de sus momentos álgidos en ‘Alepo, Lesbos, Calais’, o, en otras palabras, un poema estremecedor en el que su autora se entrega con una fina y delicada crudeza al tema de los refugiados en Europa, con el que alcanza uno de los puntos más emocionantes del libro, siempre sin perder de vista el tema central que atraviesa el volumen: “para todo esto no hay forma de verso que me baste / porque nada me basta de consuelo o paz”.

En estos versos encontramos también el pulso de la Ana Luísa Amaral que entiende la escritura como una respiración (“la poesía es en mi vida como respirar, yo no sé pensar, ni sentir, sin poesía”, dice en una entrevista) de trasfondo ético, en la profunda convicción de que la poesía, si es poesía, no puede desligarse de su propio tiempo, como única forma de intentar responder a la pregunta de qué es un nombre: “Extirpado el nombre, quedará el amor, / quedaremos tú y yo, aún en la muerte / aun solo en el mito. // Y aun en el mito (¡escucha!), / nuestra fugaz historia / que unos leerán como materia inerte, / quedará para el siempre del humano. // Y otros / habrán de recogerlo siempre, / cuando su siglo ya carezca de él. // Y entonces, amor mío, mi mayor fuerza, / seremos para ellos cual la rosa. // O no, cual su perfume: / ingobernado libre”.

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