Lo poco y lo mucho en arquitectura | Blog Del tirador a la ciudad

Los arquitectos explican que lo primero que pensaron fue en el diálogo doble que exige el barrio —con su historia y carácter— y la arquitectura contemporánea —con sus materiales, su limpieza y su tendencia a simplificar—. Manteniendo la fachada con los huecos, elementos y proporciones habituales del vecindario —balcones, persianas, zócalos o estucos— se respetaba la historia. Cuidando los detalles, simplificando los elementos y coloreándolos, se actualizaba esa tradición. Uno de los balcones se escapa del perímetro de la fachada para hablar también con la única finca vecina que “no cumple las reglas de buena vecindad”, indican los proyectistas. Ese balcón desde la azotea, acerca ese espacio común y lo anuncia a los vecinos.

Las viviendas, de 40 metros cuadrados se organizan en torno a un espacio central. Ahí llega la escalera y están el baño y la cocina. El salón y el dormitorio tienen luz natural de la fachada y de un patio de manzana. Al tener el mismo tamaño ambas estancias, los pisos pueden compartirse, como estudiantes, o permiten decidir dónde dormir (con vistas a la calle o recogidos en el interior) y dónde ubicar el salón (en el interior sin ruido o con la calle entrando por la ventana). “Al final, sumando las distintas combinaciones, obtenemos siete maneras de vivir en tres viviendas”. Es la manera de sumar de los Bach, una pareja que, con lo poco, consigue hacer multiplicaciones.

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