Leemos distinto, ¿leemos peor?

El circuito neuronal que nos da la capacidad cerebral para leer está rápidamente cambiando para todos. Tabletas, ordenadores, portátiles, Kindles y móviles van sustituyendo a los viejos libros, realizando una silenciosa transformación en cada uno de nosotros. El ser humano no nació para leer. La adquisición de la alfabetización es uno de los logros más importantes del Homo sapiens. El acto de leer reorganizó completamente un circuito de nuestro cerebro. Cambió la estructura misma de las conexiones neuronales y eso transformó la naturaleza del pensamiento humano. En 6.000 años, la lectura ha impulsado nuestro desarrollo intelectual. La calidad de nuestra lectura no es solo un indicador de nuestro pensamiento, es el mejor camino que conocemos para desarrollar vías nuevas en la evolución cerebral de nuestra especie. Pero ¿cómo ha cambiado la calidad de nuestra atención a medida que leemos más y más en pantallas y dispositivos digitales? Este proceso se ha visto reforzado durante el confinamiento. ¿Estará?, como afirmó el filósofo Josef Pieper, ¿disminuyendo nuestra capacidad de percepción al enfrentarnos a un exceso de estímulos y de información?

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