Lecciones del #sofagate

El incidente diplomático ocurrido la semana pasada en Ankara —cuando ante la visita de los dirigentes europeos Charles Michel y Ursula von der Leyen las autoridades turcas solo prepararon para el primero un sillón al nivel de su presidente, Recep Tayyip Erdogan, relegando a la segunda a un sofá— tiene múltiples niveles de lectura. El primero requiere la obvia condena del gesto turco que, bajo débiles excusas protocolarias, desprende un inaceptable aroma machista. No puede sorprender mucho, procediendo de un régimen autoritario oscurantista y represor. Mucho más, y este es el segundo nivel, cabía esperar del presidente del Consejo Europeo, Michel, que se sentó en el sillón que se le asignó sin más. Sus posteriores explicaciones no borran la desafortunada imagen, que le acompañará. Hará bien la Eurocámara en preguntarle por lo ocurrido.

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