Las últimas redadas policiales detectan productos clásicos de dopaje

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Una semana antes de celebrarse en Yorkshire (Inglaterra) el Mundial de ruta, hace un mes y medio, el ciclismo aficionado se alteró en los mundos subterráneos por una operación policial en Asturias. La sección de delitos de consumo, medioambiente y dopaje de la Policía Nacional detuvo a once personas (siete en el Principado y cuatro en Madrid) por tráfico prohibido de medicamentos en relación con el equipo amateur Kuota-Construcciones Paulino. Cuatro ciclistas fueron arrestados y puestos en libertad posteriormente, así como el exvicepresidente de la Federación Jorge Luis Montero, el funcionario del Ayuntamiento de Oviedo Isaac Oviés y el director deportivo Monchi Álvarez. Las autoridades antidopaje han detectado un uso y costumbre que cobra forma en las últimas operaciones de los agentes: los tramposos vuelven a la escuela clásica, productos de toda la vida que no caducan y que en algunos casos ya ni se buscan en los controles y los laboratorios, que avanzan hacia sustancias más sofisticadas. La EPO, el Actovegin, la insulina en su versión norditropina o el antiguo Trigón fueron parte de los medicamentos incautados en aquella operación, que no difieren de algunas recientes, como la denominada Chamberí que se desarrolló en Cataluña, Guadalajara y Valencia y que concluyó con la sanción de cuatro años al atleta Ilias Fifa.

La redada en Asturias ejecutada por la policía española en coordinación con la Comunidad de Policías de América (Ameripol) concluyó que existía una red de tráfico de sustancias que se abastecía en países de procedencia de los investigados como Colombia, Venezuela, Polonia, Chile y Bielorrusia.

Otro Armstrong

En la trama había un exfederativo que gestionaba una farmacia en Lugones a través de su hermana, un empleado del Ayuntamiento de Oviedo que organizaba eventos deportivos y otro presunto implicado en la distribución de material, una parte del cual iba destinado a algunos ciclistas del conjunto Kuota-Construcciones Paulino, que ha certificado su cierre.

La mayor sorpresa de los agentes en el curso de la intervención fue el apellido de uno de los corredores, Armstrong. Un patronímico de infausto recuerdo en el ciclismo al primer nivel, ya que el ilustre propietario de los siete Tours que transcurrieron entre 1999 y 2005 ha desaparecido de los libros de historia de la carrera francesa. Lance Armstrong es ahora una sombra invisible que nunca existió y que, para sorpresa de los policías, reapareció en Asturias en relación con el dopaje. No hay vinculación, porque el detenido en septiembre fue Thomas Armstrong, ciclista inglés de 25 años que había logrado algunos triunfos en su categoría. También fueron arrestados los colombianos Andrés Pérez y Steven Calderón y el bielorruso Aleksandr Piasetski.

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Pero lo más llamativo para los responsables del antidopaje español ha sido la pervivencia de productos antiguos, algunos de los cuales se creía en desuso. Como el Actovegin, la EPO de los pobres, plasma de ternera indetectable en los controles que ya se utilizaba a principios de siglo y cuya aparición entonces fue un bombazo. Hoy es una reliquia a la que vuelven los deportistas porque los laboratorios han avanzado hacia otros métodos de búsqueda.

En la remesa asturiana de los pisos descubiertos se encontró la inevitable Eprex, soluciones inyectables de EPO en jeringa precargada. Un clásico del dopaje que en la vida civil que solo se puede administrar en uso hospitalario para enfermos anémicos en procesos de hemodialisis, en pacientes con insuficiencia renal y en determinados casos de cáncer. En términos deportivos, es un estimulante de glóbulos rojos que proporciona mayor resistencia al organismo.

Como en otras operaciones, apareció la insulina. Su efecto en el deporte consiste en disminuir el ratio de degradación del tejido muscular, especialmente si se mezcla con hormona del crecimiento. La policía también se incautó de trigón, un corticoide sintético con intenso efecto antiinflamatorio.

Las autoridades antidopaje detectaron comunicaciones de la trama en las que se hacía referencia a dos medicamentos exclusivos, caros y difíciles de encontrar en el mercado dopante, como el Aicar y el TB500, el nuevo dopaje de los péptidos que ya se detectó hace un lustro en la operación Skype. Durante el último Tour, el diario holandés «De Telegraaf» alertó sobre el uso de Aicar diluido en bidones en el pelotón. El Aicar es lo más parecido al dopaje genético, una molécula que modifica las fibras musculares sin necesidad de actividad física, mejora la fuerza y rebaja las grasas. EL TB500 es el compendio de todos los beneficios que aporta la química a un deportista tramposo: aumento de la fuerza, desarrollo muscular, mayor resistencia, mejora de la flexibilidad y reparación del dolor todo en uno.

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