Las Tablas de Daimiel, en estado crítico y sin agua del Tajo | Sociedad

El domingo 26 de enero los vecinos de Daimiel se manifestaron en la plaza del pueblo para pedir un trasvase del Acueducto Tajo-Segura que ayudara a paliar los efectos de la sequía en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, la única llanura de inundación de clima semidesértico que resiste en Europa, actualmente en estado crítico. El encharcamiento del humedal solo alcanza en febrero 97 hectáreas, el 5,5% de las 1.750 totales, cuando el año pasado por estas fechas era de 450. Los representantes locales de PP y PSOE, unidos en esta lucha, leyeron en la concentración un manifiesto conjunto en apoyo de la medida.

Antes, en octubre pasado, la Comisión Mixta de Parques Nacionales de Castilla-La Mancha reclamó el trasvase de 20 hectómetros cúbicos que le permite la ley. La sequía, que dura ya seis años, se une a la sobreexplotación agrícola de la inmensa masa de agua subterránea conocida como acuífero 23 —5.000 kilómetros cuadrados de superficie— y de la zona del Alto Guadiana, de la que dependen las Tablas. Esta aportación de agua del Tajo es la primera que pide las Tablas de Daimiel desde hace 10 años y no se le ha concedido. En 2009, el suelo estaba tan seco que la turba, materia orgánica depositada durante miles de años bajo el humedal, perdió agua, el terreno se agrietó, entró aire y la turba, que se forma en ausencia de oxígeno, comenzó a arder sola provocando un incendio en el subsuelo.

El Ministerio para la Transición Ecológica considera mejor opción en este momento, en el caso de que siga sin llover, la extracción de agua de los pozos de recarga con los que cuenta el parque. Esta solución “responde mejor a la situación de emergencia, con el objeto de humedecer la superficie del parque nacional y evitar así la combustión de la turba”, ha indicado el ministerio a EL PAÍS.

El director del Parque Nacional, Carlos Ruiz de la Hermosa, advierte de que con los sondeos de emergencia no se garantiza el ecosistema acuático del humedal. El plan rector de uso y gestión del parque contempla el trasvase para ello. “Necesitamos aportes superficiales para conservar las Tablas de Daimiel”, concreta. Miguel Mejías, jefe de Área de Hidrogeología Aplicada del Instituto Geológico Minero (IGME) y responsable del seguimiento de la cuenca del Guadiana desde hace 25 años, añade que usar los pozos implica sacar agua del acuífero, que ha bajado en el último año más de un metro y 6,7 desde 2015. “Son reservas de agua que se van a evaporar en superficie”, aclara.

El ministerio sostiene que, además, el volumen de agua que llegaría a las Tablas procedente del Acueducto Tajo-Segura sería reducido, dado que el cauce del río Gigüela, por donde discurriría, está seco, “por lo que el agua se infiltra antes de llegar a su destino”. La Comisión Mixta de Parques Nacionales proponía en su petición de trasvase que, dado que el Gigüela está seco desde el año 2013 y lleno de vegetación, lo adecuado sería usar una conducción ya existente en la llanura castellanomanchega, que se usó en diciembre de 2009 con un rendimiento próximo al 100%.

En este contexto, el Ministerio para la Transición Ecológica va a poner en marcha un plan especial de control y uso del agua en la zona de influencia del parque elaborado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) para detectar irregularidades. El plan recoge que “el seguimiento será tanto más intenso cuanto más cercanos sean los aprovechamientos a la zona de protección del parque nacional”.

Las inspecciones comenzarán de forma “inminente” con la contratación de personal. El plan, dotado con tres millones de euros, se extenderá durante tres años. En el Alto Guadiana existen unas 60.000 captaciones de agua legales, según datos de la CHG de hace un año, a las que se añaden 1.648 censadas que no se legalizaron con un plan especial en 2008.

Difícil equilibrio

Francisco Martínez Arroyo, consejero de Agricultura, Agua y Desarrollo Rural de Castilla-La Mancha, es “consciente” de la situación crítica del parque, por lo que han realizado una valoración con el ministerio y han llegado a la conclusión de que “no era el momento de acometer el trasvase”. Aceptan la medida de usar los pozos de emergencia, aunque, acota, “no somos partidarios porque sacas agua del acuífero”, concreta.

El alcalde de Daimiel, Leopoldo Sierra del PP, apunta como culpable de la situación actual a la falta de medidas previas: “No se ha hecho nada”, critica. Daimiel, pueblo eminentemente agrícola, necesita “encontrar un equilibrio entre los cultivos y el medio ambiente que proporciona un turismo de interior”. “Yo no sé cual es la solución. Habrá que elaborar un plan de contingencia en un futuro, pero ahora, la única medida que se puede aplicar urgente es el trasvase”. El parque nacional recibe una media de 200.000 visitantes al año, que este año han bajado en unos 50.000, calcula el alcalde. El PSOE de Daimiel apunta que el trasvase “no es la solución”, pero está de acuerdo en que es “la única opción ahora por la precariedad del humedal”. A más largo plazo, el grupo se decanta por “regular el caudal mínimo ecológico para los ríos que aportan sus aguas al humedal”.

Hay voces completamente contrarias al trasvase, como la de Alberto Fernández, de WWF, para el que “utilizar trasvases es un camino equivocado porque empobreces la otra cuenca”. Considera que la Administración va en la dirección adecuada: “Por primera vez la CHG ha reducido un 6% el agua que pueden sacar los regantes y se quiere desarrollar una nueva ley de la viña dirigida a la calidad, y como un exceso de agua empeora la calidad del vino, se regarán menos”.

El remedio es muy complicado y quizá no exista, dice Mejías, investigador del IGME. “No hay solución buena, son parches o buscar la menos mala”, señala. “Con el cambio climático las precipitaciones se van a reducir y no puedes dejar a los agricultores sin cultivos en una España con problemas de despoblación. En este momento, “la situación es crítica y si no se hace nada, en mayo o junio no habrá encharcamiento”. Con la sequía y al descender el acuífero se ha perdido el aporte de agua superficial del Guadiana, que llegó a ser de 11 hectómetros cúbicos en 2014, un 15% del caudal en régimen natural. Ahora es cero. “Y va a seguir así. Tendría que llover muchísimo”, señala Mejías.

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