Las series rompen las fronteras del español | Televisión

Con 577 millones de hispanohablantes, según datos del Instituto Cervantes en 2018, es entendible el peso internacional del español en las series. Además, compartir un mismo idioma hace que la colaboración entre España y otros países lationamericanos sea cada vez más frecuente a la hora de desarrollar proyectos televisivos. La coproducción es una fórmula habitual, pero también las series suman esfuerzos y talento con producciones a las que se incorpora equipo artístico y técnico de otros países. El español es el vehículo que permite esa conexión.

Géraldine Gonard dirige Conecta Fiction, un evento que este año celebrará en Pamplona su cuarta edición y que trata de ser un lugar de unión de talento internacional para facilitar el trabajo conjunto y las coproducciones televisivas. Ella destaca el crecimiento «vital y natural» de las coproducciones y del trabajo conjunto entre países. «Las series son tan globales, los presupuestos han subido tanto, que las alianzas son imprescindibles para que las cadenas puedan estar al nivel de las plataformas internacionales, que tienen presupuestos mucho más altos», dice Gonard.

Entre las alianzas que ya se han forjado en Conecta Fiction se encuentra la que hizo posible Inés del alma mía. La adaptación de la novela homónima de Isabel Allende es una coproducción de RTVE, Boomerang TV y Chilevisión que se ha rodado en localizaciones de España, Chile y Perú. La serie, que sigue la historia de Inés Suárez en el Nuevo Mundo, cuenta tanto con reparto como equipo técnico español y chileno.

Un caso algo diferente es el de Perdida. La serie que emite los martes Antena 3 es una producción española pero combina equipo español y colombiano. Aproximadamente el 30% de la serie se rodó en Valencia, frente al 70% grabado en Bogotá y alrededores. «Antena 3 quería desarrollar una serie que tuviera ese punto de vista latinoamericano, una historia de españoles pero que transcurriera en gran parte en Colombia», dice Natxo López, creador de Perdida. Él destaca la «internacionalización de las series en general y de las españolas en particular». «Antes en Latinoamérica venían mucha ficción española, pero a veces llegaba más tarde. Ahora en España se empieza a pensar en ese mercado también; no solo que guste en España, sino también fuera. Perdida es una serie pensada para eso, tendrá un recorrido posterior y creemos que en Latinoamérica puede tener un buen encaje», dice López.

Para Géraldine Gonard, en los últimos años se ha producido un cambio en el consumo de series en Latinoamérica que ha impulsado esta mayor vinculación: «allí se consumían muchas telenovelas, pero llegaron las plataformas y la audiencia empezó a ver otro tipo de contenido con temporadas más cortas. Las cadenas entonces necesitaron producir series más cortas, y narrativamente no sabían hacerlo. Tienen un saber espectacular en muchas cosas, pero no en la narración corta. Además, financieramente necesitaban socios, porque una telenovela cuesta mucho menos producirla que una serie».

Como muestra del gran momento del español en las series y la ruptura de las fronteras de las producciones hispanohablantes, este año se celebrará en Granada entre el 25 y 30 de mayo la primera edición de Iberseries, festival de series de televisión en español. «Es el momento de poner en valor el talento de habla hispana y la conexión y encuentro entre las dos orillas. Tiene más sentido que nunca las coproducciones, mezclar talento, que los actores viajen hacia los dos lados», dice Raúl Berdonés, presidente de la Fundación Secuoya, impulsora de Iberseries.

Otra prueba de la potencia del español en el mundo audiovisual es la decisión de Netflix de trasladar su sede principal para América Latina de Los Ángeles a Ciudad de México. «Los consumidores de toda la región se han incorporado a Netflix», dijo la compañía en un comunicado. Hace un año, la plataforma ya declaró su intención de expandir su presencia en México con la puesta en marcha de más de 50 proyectos. Además, Netflix estableció su primera sede de producción en Europa en Madrid, en la localidad de Tres Cantos, que le sirve de puerto de acceso a los mercados europeo e hispanohablante a la vez.

Esta apuesta ha contribuido a aumentar las relaciones en las producciones de Netflix en España y México. Un ejemplo es la serie La casa de las flores, del director Manolo Caro, un éxito —difícil de cuantificar, porque la plataforma no proporciona datos de audiencia— en España y Latinoamérica. Si en la primera temporada ya aparecía el actor español Paco León, en la segunda el elenco sumó las incorporaciones de María León, una breve aparición de Eduardo Casanova y Eduardo Rosa. La segunda temporada, además, rodó en Madrid algunas escenas.

En su segunda serie para la plataforma, Caro traslada el rodaje a España en una nueva unión entre ambos países. Alguien tiene que morir, una miniserie de tres episodios que se estrenará en otoño, plasmará la sociedad conservadora en la España de 1950. La serie está protagonizada por actores españoles, mexicanos y argentinos como Carmen Maura, Cecilia Suárez, Ernesto Alterio, Alejandro Speitzer y el bailarín Isaac Hernández.

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