Las palabras y las cosas

Las declaraciones de la ministra de Igualdad señalando que prohibir las manifestaciones del 8-M en Madrid equivalen a “criminalizar” el movimiento feminista han pasado casi desapercibidas. Puede que sea porque estamos ya más que acostumbrados a esa forma hiperbólica de nombrar la realidad. Estuve buscando otros ejemplos similares y me di cuenta enseguida de que si empezaba a poner la lista me comía la columna. Conclusión, la hipérbole, la exageración sin el más mínimo rubor, se está convirtiendo en el lenguaje político normalizado. Con un efecto obvio, que deja de tener efecto. Cuanto más distorsionamos la realidad a base de amplificarla, tanto menor será también nuestra capacidad para reflejar algo con sentido. Recuerden el uso que se hizo de la palabra “libertad” durante el confinamiento por parte de Vox u otros; o la acusación de “asesinos” a quienes trataban de evitar que nos desbordara la pandemia.

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