las otras «hazañas» del «Robin Hood» del Papa

El cardenal Konrad Krajewski, que este fin de semana desató una ola de críticas y alabanzas en toda Italia tras saltarse la ley para reactivar la luz de un edificio «okupado» en Roma, no es una cara nueva para los habitantes del país transalpino. Tras ser designado limosnero del Vaticano en agosto de 2013 –una figura de larga tradición que no ha sido reconocida hasta el pontificado de Francisco–, este generoso pupurado ha protagonizado un amplio historial de momentos que le han granjeado una enorme simpatía.

A lo largo de estos siete años en el cargo, Krajewski, de 54 años, se ha dedicado a obsequiar con todo tipo de alimentos y artículos básicos a los más necesitados. Además de cajas de comida, envases de aceite de oliva, galletas, arroz, tortellini, leche y productos en corserva; el cardenal deleitó a los sintecho que se refugian en los alrededores de la Basílica de San Pedro con 400 sacos de dormir y 300 paraguas olvidados por turistas, informa Efe.

Entregado a su labor solidaria, Krajewski –a quien gusta que se dirijan a él como «Don Konrado»– también habilitó en 2015 un albergue llamado «Casa Don de Misericordia», con capacidad para 34 personas y equipado con literas, taquillas, lavadoras, una cocina y varios baños para indigentes cerca de la Plaza de San Pedro. Además, ha invitado a asistir gratuitamente al circo a personas sin techo, pobres, refugiados y presos; y ha organizado excursiones a la playa y cenas en pizzerías de Roma para aquellos con pocos recursos.

Su última acción humanitaria se remonta al pasado agosto, cuando visitó personalmente a los migrantes de la embarcación Diciotti que, tras estar bloqueados durante cinco días en Catania por orden del ministro de Interior, Matteo Salvini, fueron acogidos en el centro «Mundo Mejor», en un munipio a las afueras de Roma. Los 138 inmigrantes fueron obsequiados también con 20.000 helados.

Reproche de Salvini

Tras el gesto de Krajewski el sábado, Salvini se apresuró a criticar con dureza al cardenal e instó al Vaticano a hacerse cargo de las facturas no pagadas por los ocupantes del edificio, que alcanzan los 300.000 euros. «Asumo las consecuencias. A partir de este momento, pago yo las facturas. Y, si Salvini quiere, pago también las suyas», respondió el religioso en una entrevista con «Il Corriere della Sera».

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El enfrentamiento ha enturbiado todavía más las tensas relaciones entre el Estado de la Ciudad del Vaticano y el Gobierno de Italia. El discurso en favor de los migrantes del Papa ha irritado en varias ocasiones a Salvini, que hasta ahora aún no ha sido recibido en audiencia por el Pontífice.

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