Las mejores discotecas del mundo y un aeropuerto vacío: el incierto futuro de la noche en Ibiza | ICON

“Si continuamos así, esto puede ser una bomba atómica. En 2008 la crisis nos pasó de refilón. Hubo gente en Ibiza que sufrió mucho, pero para el ocio nocturno local no fue tan duro. Ahora el covid-19 puede hundir muchas empresas del sector”. El ibicenco José Luis Benítez sabe de lo que habla. Él es el gerente y portavoz de la asociación Ocio de Ibiza, una entidad que agrupa a 38 de los principales hoteles, discotecas, beach clubs y restaurantes de la isla, como Pacha, Ushuaïa, Hï, DC10, Ibiza Rocks, Lío, Pikes o Heart.

El panorama actual es un rompecabezas de enrevesada solución para la noche de la isla. Desde el 8 de junio, Baleares se encuentra en la fase 3 de la desescalada y en esa situación los beach clubs y discotecas podrían funcionar con un máximo de un tercio de su aforo, aunque no se permitiría bailar. Sin embargo, en la petición para acceder a esa fase formulada por la presidenta balear, Francina Armengol, se solicitó que no se autorizase aún la apertura de este tipo de establecimientos. Y así permanecen: sin fecha de inauguración en el horizonte. “Nosotros siempre hemos defendido que solo íbamos a abrir cuanto tuviéramos seguridad para trabajadores y clientes -responde Benítez vía telefónica-. Nuestros aforos son muy grandes y mantener la distancia entre personas es complicado. Tenemos negocios y queremos ganar dinero, pero hay una prioridad, que es la salud. Si nos tenemos que hundir con esto, al menos no nos vamos a llevar a nadie por delante. Nos jugamos el prestigio de Ibiza, porque si pasa algo en cualquier sala, el que acaba tocado es el nombre de toda la isla”.

En una reunión mantenida el jueves 18 de junio entre el consejero balear de Modelo Económico, Turismo y Trabajo, Iago Negueruela, y el propio gerente de Ocio de Ibiza, se ha acordado autorizar a partir del próximo lunes 22 de junio la reapertura de los locales nocturnos cuyo aforo no supere las 300 personas, aunque con instalación de mesas bajas y sillas en las pistas de baile. Pero por el momento los clubs de mayor capacidad deberán seguir cerrados. Además, se ha creado una comisión de trabajo para analizar la evolución de la pandemia con el fin de determinar si se pueden suavizar estas medidas. “Hemos conseguido que no haya una norma al respecto para toda la temporada, sino que la situación se pueda reevaluar cada 15 días y, si las cosas mejoran, que exista más flexibilidad y que el resto de salas puedan abrir”, explica Benítez.

Aun así, la discoteca Hï (residencia de las fiestas F*** Me I’m Famous! del estrellón galo David Guetta) y el beach club Ushuaïa (cabina habitual de Dimitri Vegas & Like Mike, Calvin Harris o Martin Garrix), ambos propiedad del Grupo Matutes, ya han decidido su futuro. En un comunicado conjunto difundido en sus redes sociales, los dos locales de Platja d’en Bossa informaban que no acogerán ningún evento durante todo el verano. En la misma nota añadían que “a pesar del impacto de este anuncio, entendemos que es la decisión correcta ante la situación provocada por el covid-19. Ahora es el momento de actuar responsablemente, poniendo la salud y seguridad de nuestros invitados, artistas y equipo por encima de cualquier otra consideración”.

La mayor de las Pitiusas ha sido desde los años ochenta una marca global asociada a la noche, el clubbing y la música electrónica, como muestra la película Ibiza: The Silent Movie (2019), de Julien Temple, muy crítica con el desenfrenado desarrollo turístico/nocturno de los últimos tiempos. Algo que hace tan solo unos meses se apreciaba nada más poner el pie fuera del avión: la publicidad de clubs y sesiones era omnipresente desde la cinta de recogida de equipajes. O en las vallas que salpicaban cualquier carretera con imágenes de DJs de tamaño ciclópeo. No existe (o ¿existía?) un furor fiestero parecido en todo el mundo: ni en Las Vegas ni en Miami ni en Miconos. Hoy su aeropuerto está prácticamente desierto.

El impacto económico del sector, casi un monocultivo, es tremendo. Según un estudio de 2019 dirigido por Carles Manera, catedrático de Historia Económica de la UIB, la industria del ocio aporta alrededor de 770 millones de euros anuales a la isla, el 35% de su PIB. Se trata de “una economía de elevada terciarización (el 83% de su PIB) y claramente orientada hacia la industria turística”, explicaba allí Manera. “Si Silicon Valley es el clúster de internet y Hollywood el del cine, Ibiza es el clúster del ocio”, recalcaba el profesor. Con estos números en la mano, desde Ocio de Ibiza confirman unas pérdidas de entre 30 y 40 millones de euros semanales desde principios de mayo y recuerdan que este tipo de negocios dan trabajo al 35% de su población activa, ahora seriamente afectada.

Además, muchos de estos establecimientos solo abren desde mayo hasta finales de octubre. Y esta alta estacionalidad y temporalidad es incluso más acusada en los grandes clubs. Si en temporada baja algunos no llegan ni a 15 contratos, en la alta pueden crear hasta 500 puestos de trabajo, 350 directos y 150 indirectos. “Si solo contamos las ocho grandes salas de la isla, sumamos más de 4.000 empleos perdidos”, asegura Benítez para defender la solicitud de que sus ERTE se flexibilicen en el tiempo. “Si no, nos vamos a encontrar un sector muerto y que muchos ERTE se conviertan en ERE. Son muchas familias las que comen de esto. Aquí el invierno es muy largo y si los trabajadores no ganan dinero en verano, lo van a pasar muy mal. Por desgracia nunca hemos conseguido alagar demasiado la temporada, porque son las aerolíneas las que deciden en qué fechas vuelan aquí”. El estudio de Manera expone como alrededor de estos macrolocales se mueve una constelación de empresas, que ahora sufren también este impacto, como promotoras musicales, agencias de booking, radios especializadas, técnicos de iluminación y sonido, hoteles, restaurantes, puertos náuticos y todo tipo de servicios relacionados con el lujo.

“Sol y playa hay en todo el litoral, pero una oferta de ocio como la nuestra es única: tenemos las mejores discotecas del mundo y los mejores DJs. Y eso atrae a mucha gente”, continúa Benítez, que calcula que el 80% de sus visitantes son extranjeros. “Pero si estos señores no vienen, muchos negocios ya se han planteado si vale la pena abrir o no. Porque el cliente nacional a veces no entiende lo de pagar 40 euros por una entrada. Y el inglés, el italiano o el alemán sabe que cada noche aquí cuesta tanto porque es como un festival. Tienen otra mentalidad”. De hecho, el gasto medio del turista musical en Ibiza duplica el efectuado por toda una familia de turismo de sol y playa en otras zonas costeras.

Aunque España haya adelantado la reapertura de sus fronteras al 21 de junio e Ibiza solo contabilice cuatro nuevos contagios de covid-19 en los últimos nueve días, las reservas de optimismo se van agotando. Porque la gran cuestión es cómo reacondicionar estos enormes recintos. “La seguridad de los trabajadores sería más sencilla -opina Benítez- porque puedes dar una formación, poner mamparas y suministrar mascarillas, guantes y desinfectantes. El trabajador de una discoteca es igual que el de un restaurante. Pero el cliente, no. Si ya hemos visto que en locales de menor aforo ha sido muy difícil controlar al cliente, imagina en uno mayor”.

Y va más allá: “¿Cómo conseguimos un distanciamiento en la pista de baile? Porque el tema de poner mesas y sillas puede ser un remiendo temporal. Pero aquí no funcionaría eso de hacer cuadrículas en el suelo y que no puedas salir de ellas. Al que se le ocurrió esa idea no sabe lo que es una pista de baile, que es un lugar de socialización”. En este caso tampoco ayuda la reducción de aforo. “Pasar de 3.000 personas a 1.000 no es viable económicamente, pero pongamos que lo hacemos así. ¿Y dónde estarían esos 1.000? Pues todos juntos delante del escenario. Por encima de 100 asistentes no veo la solución nada clara. A esto hay que sumar además la desinhibición que causa el alcohol. Yo creo que cuando empecemos a ver público en los campos de fútbol, empezaremos también a verlo en las discotecas”.

Las cosas no pintan nada bien y hay anuncios de cancelaciones cada pocas horas, pero en Pacha, la discoteca instalada en la isla en 1973 y desde hace décadas convertida en un emporio mundial del clubbing, sostienen que su equipo sigue trabajando. “Aunque la apertura es incierta”, confirma una portavoz de la sala. “No se va a tomar ninguna decisión sin estar consensuada con las administraciones públicas para garantizar la seguridad de todos”. Allí uno de los damnificados del parón ha sido el reguetonero portorriqueño y capo de la escena urban Bad Bunny, que ha anulado sus seis actuaciones en el local. Por su parte, el productor enmascarado Claptone, un llenapistas housero, ha suspendido diez shows en el club de las dos cerezas, aunque su fiesta The Masquerade mantiene (por ahora) otra decena de fechas entre agosto, septiembre y octubre.

Lío, otro de los proyectos del Grupo Pacha en el puerto de la ciudad, mezcla alta gastronomía y espectáculo de cabaret. Refugio habitual de celebrities serie A (Leonardo DiCaprio, Michael Jordan o Anne Hathaway han pasado por sus mesas), sí que acaba de informar que sube el telón el 10 de julio con una limitación de aforo del 50% y desinfección de espacios con máquinas de ozono después de cada jornada. Apuesten por ese aparato como la estrella estival.

La cúpula acristalada de Privilege, la mayor discoteca del mundo, también permanece en stand-by. Desde la macrosala de San Rafael aseguran que aún no saben nada acerca de una posible reapertura. “Dependemos de lo que nos digan las autoridades”, se lamenta una de sus responsables. Por el momento, sus sesiones “technófilas” Resistance, que ya habían anunciado DJs como el enorme Carl Cox y el jefe del sello Drumcode, Adam Beyer, han cancelado todos sus eventos.

En la vecina Amnesia han creado una entrada válida para cualquiera de los saraos que se celebren allí hasta el 31 de octubre… de 2021. Una jugada conservadora ante la posibilidad de que toda su programación acabe suspendida, como ha sucedido con las inauguraciones de sus noches estrella Pyramid (con Four Tet y Ricardo Villalobos), Paradise (con Jamie Jones) o Elrow.

Un poco más al oeste de la isla, las pool parties del Ibiza Rocks Hotel, en la localidad de San Antonio, anunciaron que arrancarán el 1 de julio. En punto muerto está el impenitente DC10, un open-air al sur de la capital. Antonio Carbonaro, fundador de sus fiestas Circoloco, afirma que están esperando las directrices del Gobierno balear. “La programación de Circoloco y DC10 está congelada por ahora -resume-, pero tenemos preparado un plan B con una programación artística internacional, tan pronto como haya una autorización”.

Muchas de las fechas anuladas ya se están reprogramando para la próxima temporada. “Todos los DJs están deseando venir, pero son muy conscientes de las circunstancias y en ningún caso quieren poner en peligro a sus fans”, aclaran desde Ocio de Ibiza. “Este año es el de la incertidumbre y para muchas personas el no saber qué va a pasar es el peor de sus miedos -concluye el portavoz de la entidad-. Nosotros no vamos a dar el verano por perdido y estamos muy pendientes de lo que pueda pasar a partir del 21 de junio, cuando finalice el estado de alarma. Si los contagios siguen en línea descendente tendremos opciones, pero si repuntan mínimamente va a ser muy complicado. Para nosotros la única solución es una vacuna o un fármaco”.

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