Las malas calles de El Polaco

El Polaco entorna los ojos y le da una calada lo más honda que puede al cigarrillo de crack. La segunda vez aguanta el humo en los pulmones hasta que tose y lo expulsa de golpe. Las pupilas dilatadas, la frente sudada, media sonrisa helada. Son las 17.30 de una tarde de julio, el sol aprieta y por la noche juega el Nápoles contra el Verona a puerta cerrada. Si gana, hará caja. Los primeros amigos llegan al parque, se saca la camiseta y termina de montar una mesa con dos caballetes donde coloca cacahuetes, ganchitos, gominolas. En un barreño con hielo flotan refrescos, agua y cerveza Tennent’s. Densa y pesada, a pocos puede gustarle ese sabor. Pero tiene 9,5 grados y una misión específica: con dos y un par de caladas te vuela la cabeza. Uno de los colegas saca el retrato plastificado de su padre fallecido hace un año y afila tres rayas de coca encima con su tarjeta sanitaria. Pasa una señora con el perro y evita volver la cabeza. Si el día va bien para Cristiano, se sacará 40 o 50 euros. Mejor eso que seguir vendiendo coca o hachís en la calle ahora que ya tiene dos hijas y está a punto de mudarse a un piso ocupado para el que ya ha adelantado 500 euros.

Seguir leyendo

Lee más: elpais.com


Comparte con sus amigos!