Las compañías de Castilla y León, al borde del abismo

Artes Escénicas Asociadas Castilla y León (Artesa) que agrupa a 16 compañías de teatro y danza de la región, las más veteranas y conocidas, celebró en los últimos días de verano una Junta General para renovar la Junta Directiva y evaluar la situación de las mismas. Los datos que trasladaron en una nota de prensa resultan desalentadores.

De entre ellos, cabe destacar que en 2018, las compañías agrupadas en Artesa han realizado un total de 110 funciones entre teatros de la Red de Castilla y León y otros circuitos escénicos, dependientes de las diputaciones. Aproximadamente seis funciones por compañía, lo que significa que en el primer semestre del año cada grupo ha actuado una vez al mes.

Los datos son parciales, pues no se incluyen las actuaciones en teatros de otras comunidades autónomas, que no son excesivas, y distorsionados al no descender al detalle de cuántas representaciones hace cada compañía. Pero, admitiendo estas limitaciones, la conclusión es clara y la propia Artesa lo enuncia: las empresas teatrales se encuentran «en situación de quiebra y al borde del cese de actividades». Sin duda la situación descrita y declaraciones posteriores son tristes y, lo que es peor, desbordan pesimismo, carecen de objetivos y no se atisba la autocrítica.

La nueva Junta Directiva se encuentra ante un dilema: o disolver la Asociación, y que cada compañía trabaje en función de sus propuestas en (y fuera) de Castilla y León, como se disolvió la Unión de Actores; o formular un planteamiento realista que, desde la crítica interna, aporte soluciones de futuro, implicándose las propias compañías y solicitando ayudas institucionales para evitar la quiebra. Esta última ha sido la primera acción planteada: les recibió la consejera, que se comprometió a elaborar un plan de emergencia, ayuda con campañas escolares y otros estímulos pendientes de concreción.

Es reseñable que la Consejería de Cultura se haya sentado a la mesa y formulado promesas, pero las posibles ayudas de hoy serán hambre para mañana, si las compañías no se deciden a realizar una profunda autocrítica de las propuestas escénicas que realizan desde hace años. En esta línea, deberían examinar, en primer lugar, por qué la oferta de sus espectáculos no concita el interés de directores de los teatros públicos, que intentan confeccionar las mejores programaciones con las propuestas que están en el mercado y que optan por producciones de otras comunidades autónomas.

Las posibles ayudas serán pan para hoy y hambre para mañana si las compañías no hacen autocrítica

Sería un error poner cuotas de compañías de la región a los programadores de la Red de Teatros, porque los gestores de los teatros no les discriminan por ser empresas radicadas en la Comunidad. Al contrario, algunos teatros han coproducido con compañías de Artesa, sin que después ese espectáculo haya conseguido su venta en otros teatros.

Acaso la gran cuestión de muchas compañías -no todas- es que llevan tiempo ancladas en formas de hacer teatro periclitadas, con técnicas antiguas, sin reciclaje formativo de directores y actores, y sin dar cabida (o solo con cuentagotas) a nuevos directores y actores que con formación reclaman un relevo. Asimismo, necesitan reinventarse como lo han hecho Nao d’Amores que presenta un espectáculo de calidad, Comedia Aquilana, que acapara elogios, tiene funciones y llena el teatro de la Comedia en Madrid; o Teloncillo que se ha especializado en teatro para bebés con unos resultados positivos.

Se necesita una política teatral institucional, pero sin obviar las cuestiones artísticas

Las alternativas pasan por la entrada de formas innovadoras, por el paulatino recambio generacional y por no mezclar carencias artísticas con problemas estructurales. Se necesita además una política teatral institucional, pero sin obviar las cuestiones artísticas de cada grupo, porque si no se ataja este mal de fondo, las ayudas serán cuidados paliativos.

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