las cartas que desvelan su otra historia

Este jueves 13 de septiembre, Rosemary Kennedy, primogénita de Joseph P. Kennedy y su esposa, Rose, hubiera cumplido 100 años. Un siglo del nacimiento de la hermana más desdichada de la saga política, con una enfermedad mental sin diagnóstico por la que su padre decidieron someterla a una lobotomía cuando apenas tenía 23 años.

La historia de R osemary está rodeada de misterio. De ella se dice que era una joven dulce y muy despierta que, tras ser operada, renació en noviembre de 1941 como una mujer dependiente convertida en una niña que necesitaba ser atendida las 24 horas. La joven fue recluida en una institución en Wisconsin, donde falleció en enero de 2005 a los 86 años. Estos dos párrafos resumen todo lo que se sabía de Rosemary Kennedy hasta ahora, cuando una familia irlandesa ha publicado una serie de cartas que la joven intercambió con Dorothy Smyth, una risueña irlandesa que trabajó como su dama de compañía.

Las misivas, en poder de la revista «People», dan cuenta de las preocupaciones que tenía Rosemary antes de la lobotomía. «Estas cartas son parte de nuestra historia familiar», señala el sobrino de Smyth, Michael Fisher, periodista irlandés. Los documentos reflejan una joven que a sus 20 años sorprendía por su inteligencia y que no ocultaba sus sentimientos.

Joseph y Rose Kennedy junto a sus hijos – REUTERS

«Rosemary desarrollaba un apego feroz por sus damas de compañía», señala Fisher, «sus cartas y sus fotografías en Londres junto a su familia, siendo introducida en sociedad, junto con su lobotomía, reflejan toda la historia completa de Rosemary. Tenía mucha vitalidad y todo desapareció tras la operación».

En las cartas, Kennedy le cuenta a Smyth sus viajes con su familia, como su visita a Cannes, donde conoció a la hija de Marlene Dietrich, a quien describió como «muy atractiva». «La voz de Rosemary ha sido silenciada demasiado tiempo, era una joven cuya voz merecía ser escuchada», añade el sobrino de Dorothy, quien cree que la hermana mayor de John F. Kennedy debe ser un ejemplo de cómo «las personas con discapacidad tienen voces que merecen ser oídas y recordadas», así como un recuerdo de lo que no debe volver a suceder.

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