La vuelta a casa, ¿por Navidad?

¿Y si no volviéramos a casa por Navidad? ¿Qué hay en esta celebración que asumimos como males inevitables los atascos, empachos, broncas familiares y este año, además, los riesgos de un desenlace fatal? ¿Por qué nos cuesta tanto trabajo obviar estas fechas? No recuerdo cuándo fue la última vez que entré en una iglesia, mi hijo no está bautizado y soy divorciada. Como para muchos de mis conciudadanos, esta no es una ocasión religiosa. Aunque la mayoría de los españoles se consideren católicos —el 68,9%, según la última encuesta del CIS—, menos de un tercio se reconocen practicantes. Si no es el aspecto religioso, ¿qué nos impide renunciar?

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