La tentación nihilista

Los hechos revelados recientemente sobre el rey emérito merecen rechazo y condena por parte de la ciudadanía, aun con las cautelas derivadas del limitado conocimiento que hoy tenemos de los mismos y a reserva de lo que pueda conocerse. Ello con independencia de que en el plano jurídico no se evidencie que haya realmente una conducta delictiva o de que, de existir, concurriera alguna causa que impida perseguirla. En su dimensión política tales revelaciones empañan el nombre del rey emérito respecto a la conducta que se le atribuye. Pero en todo lo demás —en el balance de su decisiva contribución a la democracia, a la reconciliación de las dos Españas, a la expulsión de los demonios ancestrales presentes en la historia de nuestro país y a tantos logros nunca conseguidos en nuestra historia— los hechos son los que son y no podrán negarse nunca. Ni su nombre ni su labor y aportaciones de relevancia para nuestra democracia y convivencia podrán ser olvidados por la historia.

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