La tardía reparación del Boeing 737 recrudece la crisis de las aerolíneas de bajo coste

El pasado 10 de marzo, un Boeing 737 MAX 8 se estrelló en Etiopía con 157 personas a bordo. Era el segundo accidente mortal que protagonizaba este avión en menos de cinco meses, lo que provocó que las autoridades de aviación prohibieran los vuelos operados por este aparato. Un veto que hoy, seis meses después de la tragedia, sigue intacto.

Y es que, pese a sus esfuerzos, el fabricante no ha sido capaz de solucionar los problemas técnicos que rodean al 737. Además de la avería del software MCAS -que causó teóricamente el accidente- también se ha detectado un problema con el piloto automático, según han apuntado distintas informaciones en las últimas semanas.

Toda esta incertidumbre está afectando a los resultados y la cotización de Boeing. Pero también está pasando una cuantiosa factura a las aerolíneas. Según los cálculos del banco de inversión Merrill Lynch recogidos por Bloomberg, las aerolíneas se dejan mil millones de dólares (más de 896 millones de euros) por cada mes que los 737 MAX están parados.

Este agujero financiero se explica en parte por la difusión que ha tenido el modelo señalado, uno de los más eficientes del mercado. El año pasado, Boeing entregó 256 modelos del 737 MAX, que representó más del 30% de las entregas totales del fabricante americano. Hasta el momento del accidente, había un total de 387 aviones de este tipo operativos.

Ante la imposibilidad de poder utilizar estos aparatos, las aerolíneas han dado un nuevo uso a modelos menos eficientes y, por tanto, más costosos. Además, algunas compañías, como Norwegian, han recurrido al «wet lease» (alquiler húmedo) para solventar esta particular crisis. Se trata de un servicio de arrendamiento ofrecido por determinadas empresas que no solo incluye el avión, sino que también puede proporcionar el combustible y la tripulación de la aeronave.

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Todas estas prácticas tienen un importante coste para las compañías involucradas. Y se producen en un momento especialmente delicado para el sector aéreo, que lleva meses sufriendo el encarecimiento del combustible y una guerra de precios cada vez más encarnizada en Europa.

Algunas compañías ya están trasladando esta situación a su oferta comercial. El caso más sonado es el de Ryanair, que ha anunciado que cerrará bases y reducirá su plantilla precisamente por el retraso de las entregas de los Boeing 737 MAX. En España, la compañía irlandesa ha anunciado que cerrará las bases de Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y Gerona a partir del próximo 8 de enero para mitigar el impacto de esta crisis. Una decisión que ha provocado, a su vez, que los pilotos y los tripulantes de cabina de la compañía convoquen varias jornadas de huelga para el mes de septiembre. Según los sindicatos, cada una de ellas le cuesta 40.000 euros a la «low cost».

Por su parte, Norwegian, que posee 18 aviones de este tipo, anunció hace escasas semanas que suprimiría seis rutas a Norteamérica por la crisis del fabricante norteamericano. La compañía de bajo coste también anunció en primavera que exigirá una compensación económica a Boeing por los problemas del aparato.

Volver a volar

Lo peor de esta situación es que no se sabe con exactitud cuando finalizará. En un principio se esperaba que tanto la Administración Federal de Aviación (FAA) americana como la Agencia Europea de Seguridad Aérea (EASA) permitieran que el avión retomara sus vuelos durante el último cuatrimestre del año. Ahora, sin embargo, las aerolíneas descartan que este plazo se vaya a cumplir. «Es muy complicado que el aparato esté reparado antes de 2020. El arreglo no es mecánico, sino técnico, y debe ser certificado y respaldado por un periodo de instrucción», lamentan fuentes del sector aéreo.

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