La sombra de Pedralbes reaparece como contrapartida a la investidura de Pedro Sánchez

Madrid Guardar

No hay ya rastro del Pedro Sánchez que durante semanas ha venido endureciendo su discurso en lo referente a Cataluña ante el 10-N. El presidente en funciones emprende ahora el camino en dirección contraria, rumbo a la declaración de Pedralbes. En términos retóricos la aproximación es evidente y el cambio de tono respecto a la campaña electoral es palpable.

Tras un encuentro en La Moncloa con el futuro presidente del Consejo Europeo, el liberal Charles Michel, Sánchez compareció ante los medios haciendo gala de su nuevo giro discursivo. Minutos antes de la comparecencia ERC había emitido un comunicado, tras el encuentro entre Gabriel Rufían y Adriana Lastra en el Congreso de los Diputados, en el que se mantenía en su voto contrario a la investidura. Su abstención es imprescindible para que Sánchez la saque adelante. El vicepresidente de la Generalitat, Pere Aragonés, aseguró ayer que la declaración de Pedralbes es un «buen punto de partida» y un «buen esquema».

De entrada lo que Sánchez ha dispuesto en enfriar por completo tanto su retórica, no habla ya de una eventual aplicación del artículo 155, como en sus recientes promesas. Hace apenas diez días, durante el debate de los cinco candidatos, el presidente en funciones se comprometió a reformar el Código Penal para volver a tipificar el delito de convocatoria de referéndum ilegal. Sánchez evitó ayer comprometerse al respecto. En primer término señaló que su voluntad es «hacer que la legislatura eche a andar en el mes de diciembre». Y aludió a que será en su discurso de investidura donde presentará su programa político, pero sin comprometerse a mantener esa propuesta, a mantener esa reforma refugiándose en que al tratarse de un Gobierno «tendremos que llegar a un acuerdo sobre cuál es la propuesta que vamos a hacer en múltiples ámbitos».

La mesa de negociación

La posibilidad de crear un espacio negociador al margen del cauce institucional vuelve a aparecer como reivindicación. Y ahora como condicionante para que Sánchez pueda lograr su investidura. En el pasado esa mesa llegó a ser aceptada por el Gobierno en el marco de las negociaciones que siguieron a la reunión de Pedralbes. Incluyendo la polémica figura del «coordinador» de los trabajos de ese órgano paralelo. En la declaración de Pedralbes, que se puede consultar en la página web de La Moncloa, se aceptaba la «existencia de un conflicto sobre el futuro de Cataluña». Y ambos Gobiernos acordaron establecer un «diálogo efectivo» que llevase a una «propuesta política». Con el objetivo de «avanzar en una respuesta democrática» a las demandas de la ciudadanía de Cataluña y «en el marco de la seguridad jurídica». No quisieron los independentistas que hubiera mención a la Constitución y el Gobierno accedió a esa referencia entendiendo que era suficiente como freno a cualquier propuesta sobre el referéndum de autodeterminación.

Ese «diálogo efectivo» se sustanciaría, además de en la comisión bilateral entre el Estado y la Generalitat, a través de una mesa de partidos en la que todas las partes podrían hacer propuestas de resolución «con total libertad». Es decir, sin rechazar de entrada ningún planteamiento. Esa mesa estaría formada por dos representantes de cada uno de los partidos con representación en Cataluña pero «con capacidad de decisión en los dos ámbitos», en referencia al «estatal y catalán». Elevar el rango de la negociación siempre ha sido el objetivo de los independentistas. Ese planteamiento constituye para ERC el punto de arranque para poder facilitar la investidura de Pedro Sánchez, que ayer evitó cerrar la puerta a esa posibilidad. Eso sí, el presidente en funciones reclamó en primer término que se active la mesa de partidos en el Parlamento de Cataluña porque «los primeros que deben hablar son los catalanes», pero sin descartar otras fórmulas: «El PSOE siempre estará a favor de encontrar una solución política a esta crisis territorial. No lo vamos a resolver en dos o tres meses. Necesitamos generosidad y sentido de Estado».

Esa es la idea fuerza de la posición que marca Sánchez ahora ante ERC, tratar de convencerles de que siempre será más positivo para ellos un Gobierno socialista que uno de la derecha. Más ahora que Podemos viene incluido en el pack. ¿Qué más queréis?, vino a preguntarse Sánchez ayer. En ningún momento el líder socialista planteó la posibilidad de alcanzar algún entendimiento con el PP que pueda desbloquear la investidura. Más allá de la apelación al desbloqueo y su apelación al conjunto de fuerzas a «dejar paso» al único Gobierno que puede lograr apoyos necesarios.

Muy al contrario, Sánchez dejó clara que la abstención de ERC es la vía que ha elegido para sacar adelante su investidura. Cuestionado por la posición de ERC de mantenerse en el «no», el presidente apeló a los independentistas aseverando que «el PSOE y Unidas Podemos somos las dos únicas fuerzas de ámbito nacional que apuestan por el diálogo dentro de Constitución para superar esta crisis política».

Las palabras importan. Y la utilización por parte de Sánchez del término «crisis política» no es menor cuando lleva semanas aseverando que el problema en Cataluña es una «crisis de convivencia». En dos ocasiones Sánchez planteó la idea de que tanto él como Iglesias representan una oportunidad en tanto que defienden el diálogo, interpelando a ERC por su rechazo: «¿Qué Gobierno querrían?». «Nos tendrán que explicar qué solución proponen».

Lee más: abc.es


Comparte con sus amigos!