La seguridad en tu rostro | Economía

El robo de identidad es uno de los asuntos que más ocupan a las instituciones financieras mexicanas, ya que el país tiene el octavo lugar a nivel mundial en este delito, de acuerdo con el Banco de México. 

Existen muchas formas en que los delincuentes tratan de obtener la información necesaria para hacer un intento de robo de identidad o fraude, pero de manera general podemos señalar tres vías: el robo físico de información, el robo de identidad a través de las tecnologías de la información y el engaño telefónico o presencial.

“Las personas cuyas identidades han sido robadas pueden tardar meses, incluso años, y gastar parte de su patrimonio limpiando el problema que los ladrones han hecho de su buen nombre y registro en el buró de crédito”, advierte la Asociación de Bancos de México en su página en internet donde comparte recomendaciones para cuidar nuestros datos sensibles, como nombre, direcciones, números telefónicos, RFC, números de cuenta bancaria, número de tarjetas, claves de acceso y NIPs.

Pero más allá de lo que está en manos de los clientes (que no es poco), los bancos han invertido una buena cantidad de recursos en los últimos años para desarrollar tecnologías que mantengan nuestro dinero seguro, entre ellas los controles biométricos en sucursales, cajeros automáticos y canales digitales.

A diferencia de una contraseña que puede ser cambiada por otra o que mediante engaños información confidencial pueda ser robada, los datos biométricos son un rasgo de propiedad física o fisiológica que no pueden ser alterados, ya que son únicos en cada persona.

Tu dinero seguro en tus manos (o, mejor dicho, en tus dedos)

El uso de la huella dactilar es la tecnología biométrica que más reconocen los usuarios bancarios debido a que fue la primera en utilizarse y a que ha comprobado su efectividad desde hace algunos años: una vez que el banco ha registrado y validado las huellas de los clientes, este respaldo sirve para verificar que las características de las crestas y valles sean iguales a las de la persona que se presenta a realizar algún trámite.

Otra de las innovaciones de este tipo que empieza a ser de uso común es el reconocimiento de voz o “la huella de voz” con la que se verifican la frecuencia, velocidad y acento para que coincidan con las del cliente registrado.

La opción biométrica más reciente es el reconocimiento facial, la cual ya es utilizada por algunos bancos para identificar al cliente a través de su smartphone: se analiza que los rasgos del rostro coincidan con el registro, es decir, que se tenga la misma distancia entre las pupilas, la posición de la nariz y en general las dimensiones del rostro.

Se trata de uno de los medios de autentificación más modernos y seguros, pues no pueden ser vulnerados con trucos como utilizar una fotografía (para validar el trámite es necesario parpadear). Podrán robarte un estado de cuenta o tu tarjeta, pero nadie puede robar “tu rostro”.

Estas tecnologías para mantener nuestro dinero a salvo serán cada vez más comunes en nuestra vida e incluso podría decirse que obligatorias: a partir del próximo 30 de noviembre, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) exigirá a los bancos capturar la huella dactilar de los usuarios que abran una cuenta o un crédito.

La idea es que el siguiente paso sea el registro de huella dactilar, rostro, voz e incluso iris de todos los usuarios bancarios con la finalidad de minimizar el riesgo de suplantación de identidad.

Quién iba a pensar, hace cinco años, que podríamos administrar nuestro dinero únicamente con “hacerle ojitos” a nuestro teléfono.

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